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    June 16

    It's Indie for life, baby


    Acabo de ver (con mis respetables progenitores) la última película de Indiana Jones. Sé que será la última, porque no puede subir más en la escala cósmica.

    Tengo motivos para decir eso, creedme. Coge a George Lucas, más Steven Spielberg, más Han So... digooo, Harrison Ford, y tenemos el final definitivo de una de las sagas más grandes de todos los tiempos. Efectos a cascoporrillo, masas ingentes de extras generados por ordenador (y no), hormigas gigantes, malos muriendo de formas interesantes, más efectos, cantidades incalculables de decorados de cartón piedra y, por algún motivo que no logro entender, un personaje al estilo Rebelde sin Causa que hace que la película desmerezca. Bastante. Al menos, al principio del filme.

    Por otro lado, debo reconocerlo, Ford sigue estando a la altura de las circunstancias de los rodajes de su personaje estrella. Porque, también hay que reconocerlo, los personajes de Han Solo y el de Indiana Jones tiene un indudable parentesco, mayor que el que Lucas, su padre putativo, puede asumir; estos primos hermanos, cuyos parecidos van más allá de la indudable similitud en su (casi inexistente) respeto a las normas, en su desdén al peligro y en su chocante, muy chocante, sonrisa torcida (patentada por Ford, estoy seguro; por mucho que la intente repetir delante del espejo, soy incapaz, y eso tiene que ver con el copyright, de algún modo que no comprendo, pero seguro). Tal es la similitud que podemos asumir que, en ambas sagas, Ford representa al mismo personaje, salvo que Indie tiene su látigo y Solo tiene a su wookie.

    ¿He mencionado ya los efectos? Estoy seguro, pero no está de más mencionarlo por duplicado. Por triplicado. Había cierto número de... muchos... efectos.

    En realidad, algo que caracteriza plenamente a Indiana, su fiel látigo, está algo marginado en la película. Una pena. Puestos a mencionar detalles desagradables, supongo que no puedo dejar de mencionar que el personaje de Mutt Williams, el mencionado individuo con moto, chupa de cuero y aspecto de James Dean, no es santo de mi devoción. Asimismo, la actuación de la ex-pareja de Indie (interpretada por Karen Allen, una vieja conocida de Jones, Marion Ravenwood) es algo sosa, no por falta de talento, sino por mal doblaje y guión sumamente cercenado. Dios sabrá por qué, no yo.

    Como puntazos de la película, bueno, las actuaciones del bueno y la mala. Cate Blanchett se ha ganado mi respeto, si bien es una villana algo prefabricada en ciertas ocasiones, pero el esoterismo es siempre una cualidad que aprecio en las chicas malévolas de las películas. Especialmente, si están al servicio de algún régimen de terror con un megalómano al frente.

    Por cierto, la transición de nazis a comunistas ha merecido la pena. O, al menos, no me ha decepcionado. Los rusos mueren igual de bien que los alemanes. Y suelen ser igual de inútiles. Pero, ¡qué le vamos a hacer!

    Aún y así, los gags y episodios humorísticos, solapados con las escenas de pelea de la película, no se hacen de rogar, y menudean en la última obra sobre el arqueólogo. El doctor Jones sorprende, ya lo creo, a pesar de su edad y gracias a su larga experiencia en luchar contra los malos, salvar al mundo y quedarse con el tesoro (bueno, no mucho), los méritos y la chica.

    Bueno, con la mujer. Que esta vez es una mujer hecha y derecha. Quiero decir, "madura". Hoy en día, te arriesgas mucho con expresiones como "hecha y derecha".

    Por último, el recurso fácil al Área 51, tan de películas americanas, me ha hecho sonreír; al principio, pensaba "¿tan bajo habéis caído, Steve, George?", pero ha sido mucho mejor de lo que esperaba.

    Lo de sacar a Roswell ya me ha arrancado risitas.

    Todo ello, aderezado con las inmediatas dudas que acarrean las superproducciones, especialmente las de aventuras; ¿cómo es que la pólvora es tan magnetizable? ¿De dónde salen todas esas luces en una catacumba del siglo dieciséis? ¿Es que nadie ha sobrevolado El Dorado?

    Supongo que los gazapos forman parte ya del nutrido anecdotario de la magna obra de Spielberg. Y de Lucas. Y, por ende, de Ford. Pero, imagino, no es sólo culpa suya.

    Finalmente, para cerrar esta crítica tan poco crítica, quiero añadir que Indiana Jones no ha sobrevivido ni de lejos, ni por asomo, lo que ha sobrevivido en esta película. Ni siquiera lo pienso dudar, y de ahí el título. Recuérdenlo, niños, si tienen una nevera en casa, ¡que esté forrada en plomo! Y no me preguntéis más, o caeré en el destripamiento de una película que merece la pena.

    Merece la pena.

    ¿He hablado ya de los efectos especiales?


    A FAVOR: Divertida, rápida, interesante, irreverente, sin una pizca de aburrimiento. Efectos. Personajes y escenarios están bien trabajados. El desarrollo y el principio de la película son muy buenos, y se disfrutan casi todas las escenas de conversaciones y peleas.

    EN CONTRA: A veces, el argumento flaquea. Imprecisiones históricas a saco. ¿Demasiados efectos? Tal vez los fieles al doctor Jones se sientan decepcionados con el final.

    SALDO: Definitivamente, es digna de verse, a ser posible en el cine. Si no, me temo que pierde mucho. Indispensable si te gusta el cine impresionante y elaborado.

    June 15

    Presentación de BlogSpot


    Pues bueno, he abierto un blog en BlogSpot, para establecer una nueva era de bla, bla, bla... simplemente, creí que sería bueno avisar: http://eluniversoesunpanuelo.blogspot.com/


    Estos últimos meses me ha pasado de todo. Creo que han afectado seriamente a mi carácter.

    He empezado a apreciar más cosas que antes tenía por inalcanzables para ratones de biblioteca como yo. He empezado a disfrutar de lo que estudio (o, mejor dicho, disfruté hasta que me dijeron qué día eran los exámenes. Los siempre odiosos y odiables exámenes). He empezado a leer webcomics, que quitan menos tiempo que la lectura seria, y también periódicos de forma más o menos seria (aunque no mucho tiempo, la verdad... me falta el tiempo). También he empezado a ver cine de mayor "calidad" y originalidad que lo que ponen en el cine (mayoritariamente, al menos) hoy en día. Y etcétera.

    Me encuentro especialmente feliz porque, ¿saben, caballeros? Soy el flamante propietario de un verano enterito, sin estrenar. Tendré que irme de vacaciones, a un curso o dos, hacer ciertos estudios para un septiembre de Francés de la Escuela de Idiomas y leer por mi cuenta lo que nuestro incompetente profesorado de Fisiología ha dejado sin explicar (si los susodichos profesores leen esto, el abajo firmante no tuvo nada que ver con la frase antedicha; gracias y buenas tardes).

    Me encuentro, por otro lado, especialmente confuso, porque no he visto mucha luz solar en los últimos días, y porque las luces y los colores me confunden con sorprendente facilidad, y estoy muy rodeado de luces extrañas que parpadean... y parpadean... parpadean... parpaparpaparpa...

    (Sonido de bofetada)

    Gracias, mano.

    Como íbamos diciendo, que estoy especialmente confuso también porque me encuentro con la perspectiva de una enorme cantidad de tiempo libre y, como todos los veranos, con un taco de planes interesantes de los que sólo cumpliré (me lo veo venir) uno o dos. Me imagino que todos estaréis de acuerdo conmigo en que el verano es una etapa de procrastinación inefable en la que los pajaritos cantan y las nubes no se levantan, a no ser que la observación se realice en la igualmente indescriptible ciudad de Huesca, en la que el clima siempre lleva la contraria.

    También me encuentro especialmente confuso con cierta persona que ha logrado trastocar los mismos cimientos de mi ya de por sí desequilibrada naturaleza en los últimos dos meses. Buen momento, dicho sea de paso, para alteraciones. Buen momento. Justo antes de los finales.

    Si es que...

    Y ahora que por fin estoy de vacaciones (o casi, ya que el examen del jueves es reducido y su dificultad abrumará sólo a los locos que quieran obtener matrículas, entre los que no me encuentro yo, que soy un loco más modesto), me he dado cuenta de que varios de mis planes han ido cancelándose sólos durante estas semanas de exámenes. En fin. Habrá un curso de verano, eso seguro. Habrá al menos una asignatura que estudiar. Habrá un número indeterminado de tareas creativas que acometer, un número indeterminable de películas que ver y un número indefinible de muertes que planear en un número igualmente inde-algo-ible de juegos de ordenador.

    Como, evidentemente, también empezaré a emplear en masa el 3d SketchUp!, programa de dibujo en tres dimensiones al que me aficioné durante el primer cuatrimestre, y seguiré escribiendo conforme me vaya entrando en gana, puedo decir que espero mantenerme ocupado este verano. Dejando tiempo suficiente para salir y volver a ver a mis buenos amigos, tanto los de aquí como los de allí y los de más allá. Intentaré también parar un poco en el salón de estar de casa, para estar con mis padres, a los que, paradójicamente, no he visto mucho durante el curso (estar fuera de casa diez horas al día provoca increíbles efectos secundarios).

    La lástima es que perderé de vista a la gente de la Facultad, y es posible que muchos desaparezcan de mi vida este fin de curso. Y es una lástima, porque son gente de primera categoría.

    Es muy probable que, además, muera durante este curso. Muy lentamente. Con astillas bajo las uñas.

    No, en realidad no tenía pensado lo de las astillas. Pero os lo habéis creido, no lo neguéis.

    En fin. Como declaración inicial, declaro que este blog se usará para hablar diariamente (o no) de temas tan interesantes como reflexiones filosóficas, videojuegos, películas, libros, estudios, realidades sociopolíticas, pituras de pared, Sinatra, música, el tiempo que hace, la rotación de la Tierra, el inminente Apocalipsis bis (el primero iba a ser en el año dos mil, ahora toca el del 2012), la aún más inminente crisis económica, el futuro de la humanidad, la estupidez de la humanidad, los dibujos animados de la humanidad y de otros muchos temas, intentando hablar de ellos de una forma completamente respetuosa hacia los aludidos y siempre con intenciones intachables.

    Claro que todo esto es susceptible de cambio. Cuando al autor le venga en gana, de nuevo. Para eso es el autor.

    También declaro que 42 es el número más maravilloso del universo. Pero como el universo es un pañuelo, a nadie se le ha ocurrido hacerle una película, como a numerajos de segunda, como 23, 13 o 7. En todo caso, eso no viene a cuento. El 42 será tema de una entrada propia. Algún día.

    ¡Doy por inaugurado este blog!

    (Se corre la cortinita con la plaquita al fondo. Fotos. Gente gritando y aplaudiendo.)

    Em. Seguidamente, debo destacar a los amigos de mi Space que no dejaré Open as Usual. Lo que publique en el BlogSpot, lo publicaré aquí.


    February 21

    Con respecto a San Valentín...


    ... lo sé. Llego tarde.
     
    Llevo mucho tiempo sin escribir nada en serio. Pero hoy, me he levantado con ganas de hacer algo interesante, importante y maravilloso... por desgracia, tenía clase a las ocho, así que no he tenido opción y me he conformado con ir a clase.
     
    Consecuentemente, no he podido reflexionar mucho sobre un texto interesante, importante y maravilloso que, de hecho, escribió alguien que no debía tener clase a las ocho, así que he decidido, en vista a mi capacidad de elección, a colgar una interesante reflexión que, a buen seguro, ayudará a los (in)felices solteros no-enamorados que tenemos que pasar solos San Valentín. Debidamente remasterizada y con algunas palabras corregidas, ahí va...

    SAN VALENTÍN PARA SOLTEROS
     
    San Valentín, el Día de los Enamorados, jornada en que miles y millones de parejitas caminan de la mano, se miran a los ojos y suspiran palabras de amor mientras degluten cenas caras en lugares caros y gastan medio sueldo en peluches de tamaños incomprensibles e incongruentes con las dimensiones de las soluciones habitacionales habitadas por los/las festejados/as.
     
    Día marketinero y marketineado si los hay, cumple las fantasías de las quinceañeras y los comerciantes; hace las delicias de los publicistas y guionistas; y quita el sueño a solteros y solteras empedernidos.
     
    Al ser una jornada marcada en rosa en muchos almanaques de cachorritos con sombreros que descansan en las carteras, bolsos y billeteras, es que su importancia es vital para los y las viandantes del mundo. De allí que, desde la Cátedra de Estudios Sociales de la Universidad de Massachusetts, en una nueva entrega de la serie 'Si la vida te da calabazas', que invito a repasar en sus ediciones anteriores, hoy vemos: '¿Cómo pasar San Valentín Solo y ser feliz?'
     
    La respuesta no es "no levantándose de la cama", tranquilo... Son una serie de pasos simples, aunque tal vez no del todo eficientes. No obstante, siempre es mejor lo que sigue que sentarse a llorar en la escalera.
     
    1- Asúmalo:
    Si a esta altura del año está solo/a; a lo más que podrá aspirar es a pasar la fecha acompañado, pero no enamorado, ya que ello requiere algo más que un puñado de días.
    Mientras antes lo asuma, más pronto podrá ser una persona feliz. Todo lo feliz que pueda ser, vamos, ya me entiende.
     
    2- Confórmese en un defensor de los feriados tradicionales:
    Hágase fanático de la Navidad, Año Nuevo, Reyes, Semanas Blanca y Santa, Hannukah, Yom Kippur, Día del Amigo, Día del Niño, Día de la Constitución o Día del Trabajador del Plástico.
    Diga que San Valentín (y ya que está Halloween, para no despertar sospechas) son festejos norteamericanos que nada tienen que ver con nosotros y nuestra cultura telúrica. Ahora bien, no es necesario celebrar también el veinte de octubre; hasta para las fiestas tradicionales hay límites, ¿eh? Por si acaso se le ocurre.
     
    3- Sea un defensor de las dietas y siluetas:
    San Valentín es el pico máximo de ventas de chocolates, con el consiguiente aumento de las curvaturas corporales y la creciente preocupación hacia la balanza y el colesterol.
    Eríjase en un defensor de la vida sana y un guardián del estrés ajeno al no tener que andar todo el día preocupados por esa tripa cerv... digoooo, por la tripita.
     
    4- No recuerde amores pasados:
    Ese día, no lo dedique a revolver cajones en busca de cartas de amor antiguas ni álbumes de fotografías; no se torture con Michael Bolton ni los lentos de Roxette. No ayudan demasiado. Si es posible, no vea la televisión, la programación de San Valentín tampoco resulta muy útil en este aspecto, especialmente fuera del horario de las Noticias.
     
    5- No sepa en qué día vive:
    Si usted está perdido/a en el almanaque, mal podrá preocuparse por San Valentín. Desde luego, los demás se lo recordarán. Si lo hacen, hágase usted el loco, canturreé, diga que tiene prisa y que les llamará en cualquier momento que tenga libre, digamos, el quince o el dieciséis. Si le dicen que es mañana, olvide la conversación lo más rápido que pueda.
    Mejor no salga de casa.
     
    6- Realice proyectos postergados:
    Corte el pasto, haga origami, lustre sus zapatos, redecore su casa, estudie feng shui, vea las cinco Harry Potter seguidas (mejor, las tres de El Señor de los Anillos en versión extendida).
    Tendrá 24 horas que el resto de los mortales deberá malgastar en cosas menos productivas, como salir con sus novios/as. Además, esto se conecta con el elemento "mejor no salga de casa" del que hablábamos antes.
    Si tiene que trabajar porque todos sus compañeros de trabajo se han tomado el día libre, tiene la excusa perfecta para cogerse fiesta otro día más adecuado. En otras palabras: seguirá teniendo veinticuatro horas que el resto del hemisferio occidental desperdiciará intentando complacer a sus parejas.
     
    7- Alégrese de pasarlo solo/a:
    Si es uno de los festivos con mayor movimiento comercial, el hecho que usted no tenga que sucumbir al IVA y a la inflación y pueda ahorrarse unos buenos billetes, ayudará a su flaco bolsillo de fin de mes y podrá quizás darse algún gustito con algo que pueda disfrutar usted y no alguien del que, lo más que se puede decir, es que hay ciertas posibilidades no comparta el resto de sus días al lado suyo.
    De paso, podrá hechar en cara sus ahorros a todos los que debieron caer ante la maquinaria capitalista sanvalentiniana. Si puedes desahogarte por no tener pareja, es la mejor manera. Ya sé que es un poco excesivo, pero esta línea de razonamiento le ayudará a no preocuparse por San Valentín y será una persona feliz. Más o menos.
     
     
    8- En el último de los casos y como recurso final si por alguna causa no le ha resultado todo lo antedicho; colóquese una pipa, habano, muerda la punta de la pata de sus gafas, revuelva un whisky o lo que crea que le dé una imagen más solemne y recite:
    '¿San Valentín? Quita, quita… es una de las mil maneras que tiene el monstruo imperialista para oprimirnos y lavarnos el cerebro'.
    A lo sumo lo mirarán pensando que usted es un friki, un necio o un gilipollas, pero habrá superado San Valentín sin sufrir mayores
    consecuencias.
    En todo caso, creáme... si puede evitarlo, insisto, lo mejor es no salir de casa.
     
     
    Modificaciones mínimas dentro de un original cargado de hilaridad; eso es lo que he aportado al texto expuesto. Pero creo que merece la pena leerlo, aunque es posible que pierda bastante al haber metido yo la zarpa.
     
    San Valentín es una fiesta cargada de vanidad, avaricia y nubecitas rosadas. Vanidad por parte de los cabrones y cabronas que presumen de parejita ante sus amigos menos afortunados. Avaricia por parte de los supervendedores y superfabricantes de regalitos repulsivos del día de San Valentín, que mueven la economía del modo que más les conviene a sus Amos y Señores. Y nubecitas rosadas de los enamorados de verdad, que me imagino que no lo hacen con mala intención, pero que crean las mismas consecuencias emocionales en los amigos menos afortunados de los que hablaba antes; también nos resulta tremendamente frustrante, también nos sentimos tremendamente desplazados y también nos intentamos consolar con los mismos chistes y tonterías imbéciles para consolar el "rencor" envidioso de los que se sienten desdichados, como todos los factores arriba expuestos. Y, de todos modos, no es que me sienta muy desdichado; al menos tengo más tiempo para mi... pero ¿qué coño estoy diciendo?
     
    En todo caso, los auténticos enamorados pasan (deberían pasar) de San Valentín, porque no se enteran de lo que ocurre a su alrededor, mientras que los que querrían estar enamorados no soportan una fiesta que les recuerda específicamente que, en realidad, no están enamorados; o bien, que no son correspondidos, y eso, amiguitos y amiguitas embobados con la novieta o el noviete de turno, sí que jode.
     
    Y sí. Sé que llego tarde a hablar de San Valentín, pero es una forma más de demostrar que es una fiesta que NO ME IMPORTA UNA
    MIERDA (mentiramentiramentira).
     
    Hablando en serio, sí es cierto que es una festividad artificial que, de hecho, no paraliza la vida en las ciudades; no engalanamos los edificios públicos, no hay discursos o actos oficiales, Gallardón y Aguirre no se cogen de la mano y se dan piquitos tímidos. Bueno, al menos no en público; a lo mejor hablan catalán en la intimidad. Esto no es una fiesta cultural, no es una fiesta espiritual y no es una fiesta ética o moral, no es política. Es económica e individual; a la vista de quienes venden, es lo mismo.
     
    Por lo tanto, sólo queda por decir que San Valentín es una fiesta comercial y comercializada, igual que las Navidades (Santa Claus y Papa Noël son Coca Cola pura y dura), cuya única razón de ser es endosar a los inocentes y a sus parejas un montón de inmundicias baratas de plástico que se rompen al cabo de un mes, o bien el vender cosas que, de caras que son, sólo en una "gran ocasión", de esas que se dan "sólo una vez al año", como cumpleaños, aniversario, Navidades, santo de ella y de él, Día de la Madre, Día del Padre, Reyes y todos los demás.
     
    ...
     
    Oye, ¿no os parece que hay muchas grandes ocasiones que sólo se dan una vez al año cada año?
     
    Digo. No sé, vamos.
     
    Hala. Y ahora, a estudiar, que hay examen de anatomía el jueves y estoy hasta el [CENSURADO] de tonterías. Una última razón para mi odio hacia San Valentín: DETESTO EL COLOR ROSA, y el corazón humano no tiene esa mierda de forma pastelona de pica invertida NI DE COÑA. Ni romanticismo ni leches. Eso es un timo.
     
     
     
     
    PD: Lo de no salir de casa iba en serio.
     
    December 29

    El increíble mundo de Rodri


    No, si es que aún resultará que es cosa mía.
    Es que no lo es.
    Ya, y por eso me acusas.
    Noooo...
    Sí. Me has acusado en repetidas ocasiones, y lo sigues haciendo, embustero.
    ¡Yo nunca te ha acusado de nada!
    ¿Lo ves? ¿¿Lo ves?? Ya vuelves a empezar otra vez...
    No, si el asunto es que sigo sin acusarte de nada.
    ¡Por favor! Deja de hacer eso, ¿quieres?
    ¿Pero hacer el qué? Si no te he hecho nada, no te estoy haciendo nada. No soy nada más que tu amigo...
    ¡Y una mierda! Sé lo que eres, lo que pretendes ser. Lo que quieres hacerme. Sé que eres un embustero, ¡y más que eso! Un traidor, falso, rastrero...
    Ehem. Sin insultar. Por favor.
    ¡Por favor! Venga ya, ¿por favor? Seguro que puedes hacerlo mejor, puñetero mentiroso.
    No, si es que...
    ¿Qué coño te has creído? ¿Que puedes mentirme por un período de tiempo indefinido, sin dejar de ocultarme cosas, sin dejar de buscarme siempre las cosquillas, sin dejar de tratar poner a los demás en mi contra...?
    Que no...
    ¿¡Dejarás de mentirme algún día!?

    Rodri se miró el puño sangrante. El espejo se impuso ante su atención y tuvo que dedicarle el segundo que merecía; una telaraña de grietas recorrían su superficie como un sueño quebrado. Inmediatamente después, vio su rostro, reflejado en los pedazos que todavía estaban intactos, que no le devolvía la mirada; miraba al espejo como quien mira por una celosía de cristal a través de la cual puedas verte a ti mismo, una etérea red de líneas, de fracturas en el universo que...
    ...
    -Ah. Vale -dijo, cayendo en la cuenta-. Hoy no me he tomado las pastillas, ¿verdad?
     
     
    December 24

    El robot de la Navidad

    El robot, pequeño y solitario, caminaba por la llanura cubierta de hielo y polvo, cargado con el peso excesivo de la bolsa llena de regalos. Regalos para los niños del mundo, para que sus padres pudieran verles felices, para que pudieran verles jugar con juguetes, leer los libros, ver las películas y disfrutar de las chucherías que llevaba en su bolsa.

    El robot era pequeño, con una cabeza alargada, como una botella invertida a la que se le hubieran incrustado dos linternas que hacían las veces de ojos. El cuerpo apenas tenía el grosor de una tubería de desagüe, y brazos y piernas, desproporcionados, parecían hechos íntegramente de alambres, cables y remaches. El conjunto de aquel robot parecía hecho de reparaciones, la mayoría autorreparaciones, mal hechas y peor disimuladas.

    Sujetaba con sus enormes manazas un saco lleno de cosas que llevar a los niños del mundo. No tenía quién las llevara, todavía; durante treinta y tres años, había reunido puntualmente un saco de regalos para los niños de los que tenía noticia, para que los Reyes Magos fueran a recogerlos y entregarlos por él. Hasta el momento, había sido una completa pérdida de tiempo.

    Esas navidades también se presentaban tristes y silenciosas. Eran silenciosas, desde luego, porque la atmósfera terrestre ya no existía; los humanos se habían hecho la guerra tan concienzudamente que la humanidad entera se había autoexterminado en un único accidente nuclear de proporciones increíbles. El pequeño robot no tenía memoria de aquellos sucesos; sólo sabía que le gustaba la idea de que debía recoger regalos una vez al año y dárselos a los Reyes Magos.

    El robot se sentó sobre el bolso de regalos, que fácilmente pesaría ochenta kilos, y sacó un libro sobre un hombre que volaba en trineo, repartiendo regalos, curiosamente también en Navidad. Se preguntó si debería probar suerte con él, cuando leyó que había sido empleado como recurso publicitario. Entonces dejó de leer y se apoyó la cabeza en las manos, paciente. Simplemente, tenía que esperar a que llegaran los Reyes Magos. Seguro que ellos le dirían qué estaba tan horriblemente mal en su programación; no creía que el mundo pudiera estar averiado.

    Lo cual dice mucho acerca de la ingenuidad en los robots.

    En la tapa de aquel, que cubría justo las baterías atómicas del androide, había escrito, con los sucintos caracteres del alfabeto empleado en piezas de ordenadores y demás material informático:

    "ROBOT PAJE. DISEÑADO PARA LOS DESFILES DE NAVIDAD. ATENCIÓN: CRUCIAL PARA EL CORRECTO FUNCIONAMIENTO LA CARACTERIZACIÓN DE SUS SUPERVISORES DE REYES MAGOS; SÓLO OBEDECERÁ INSTRUCCIONES DE ESTOS, Y CARGARÁ Y REPARTIRÁ REGALOS EN CONSECUENCIA A SUS INDICACIONES. SE RECOMIENDA EMPLEAR AL ROBOT PAJE COOPERATIVAMENTE CON OTROS ROBOTS PAJES Y CON CAMELLOS. ALTERNATIVAMENTE, SE LES PUEDE AÑADIR VESTIMENTA AL GUSTO DEL DUEÑO.

    NO EXPONER AL FUEGO O A FUENTES DE CALOR INTENSO O MICROONDAS. NO ABRIR LA FUENTE DE ALIMENTACIÓN INTERNA."

    Con la paciencia de los años, el pequeño Paje siguió esperando la llegada de los camellos y de la estrella de Belén, que, tal vez, le indicara el camino que seguían sus jefes. Necesitaba que le dijeran qué andaba mal en su programación; el mundo no podía estar averiado.

    No os equivoquéis. No estáis equivocados. El mundo no va bien. Pero podemos cambiarlo. Aunque tengamos que exponernos a fuego, fuentes de calor intenso o microondas.

    Procuremos no darle estas navidades al pobre paje...

    Feliz Navidad.

     

    December 15

    El hombre que seguía allí

     

    Cuando me desperté, estaba sentado, parcialmente apoyado en una especie de montón de hojas al lado de casa. Era algo desconcertante. Era como estar tumbado en un saco; conforme me levantaba, me di cuenta de que aquella sensación no era nueva. Me despertaba muchas veces allí, desde que perdí las llaves un día. Todos los días. No tenía hambre, nunca tenía hambre. Ni frío, aunque la niebla siempre me dejaba los miembros cubiertos de una suave pátina de fresca plata que, al final, me dejaba tiritando de nuevo en el suelo. Y jamás jadeaba, aunque, de hecho, a veces llegaba a realizar proezas físicas de las que no me creía capaz, como saltar los muros que rodeaban el jardín, trepar por la pared este de la casa, que estaba cubierta de hiedra, o incluso levantar rocas del tamaño de mi cabeza sin temblar; me sentía más fuerte que nunca, pero hace algún tiempo que me pregunto si estas "proezas" son fruto de mis capacidades o... simplemente, en aquel lugar, nada parecía real o lógico... Porque, de algún modo, nunca podía acercarme a la puerta de casa, o llegar al pueblo, ni siquiera al bosque.

    No sabía cómo había llegado allí. No lo entendía. No recordaba visto aquel lugar, aunque de algún modo sabía que era mi casa; siempre con las luces encendidas, como si hubiera alguien viviendo dentro, pero con las puertas eternamente cerradas, sin nada más que el sonido de la radio y el viejo gramófono. A veces, el coche arranca cuando no estoy delante del garaje, y sólo alcanzo a verlo cuando ya ha recorrido una buena parte de la carretera de tierra que llevaba fuera de la niebla... o no. Curiosamente, este el único momento en el que oigo un sonido humano; un llanto muy suave, como si viniera de todas partes; más o menos entonces, empieza a caer la lluvia sobre mi casa, y es ahí, justo ahí, cuando veo la puerta abierta... y se cierra. De alguna forma, puesto que no hay nadie ahí. Pero el sonido del llanto sigue sonando, mientras que la lluvia queda amortiguada bruscamente. Como si estuviera escuchando todo aquello desde dentro de mi casa, y no desde fuera. Y, de algún modo... como si siguiera allí, pese a que nunca había estado allí, puesto que, día a día, volvía a estar allí, seguía estando allí.

    Desde hace ya algún tiempo, este sueño ha sido toda la realidad que me ha ocupado, todo lo que he visto en mi eternidad, en mi existencia... no se trata de manejar una forma extravagante de percepción, o un sueño postmortem que pueda disfrutar independientemente de mi actuación como individuo. No puedo salir de aquí, y esto no es un mero sueño, porque de los sueños se despierta. ¿No se dice que la vida es sueño?

    No obstante, no me siento descansado cuando me despierto. Ni cansado. Ni relajado, ni en paz, ni sano, ni enfermo... estoy, no sé, como en la nada. ¿Qué hago yo aquí? ¿Por qué recuerdo este sitio cuando no recuerdo haber estado nunca aquí? ¿Por qué esta vida mía llega cada día a un nuevo e imposible bucle progresivamente más difuso, progresivamente más degradado? ¿Por qué no recuerdo nada más que esto, y lo que ocurrió ayer?

    Escribo esto en papel de periódico. Hay mucho por aquí; encontré un lapicero por algún sitio, y tal vez me sirva para escribirlo todo. Esta noche, cuando empiece a vencerme el sueño (siempre acabo durmiéndome, no importa lo que haga), clavaré lo que escribo en algún sitio. Con un poco de suerte, me libraré de esto; podré recordar esto, podré darme cuenta de que no es más que el mismo día repetido una y otra vez en el mismo lugar... otra vez, seguiré estando allí, pero esta vez, de un modo distinto.

    ...
    - ¿Cómo se encuentra hoy el abuelo?
    ...
    - Bueno, no se entera de nada, claro. Lo normal para su caso; perdió mucho después de su tumor.
    - ¿Ha hecho de vientre?
    ... nnn...
    - No, hoy no. Tampoco he logrado que coma nada. Una pena.
    - ¿No ha comido, abuelo? Vaya... eso no es bueno, debería comer más...
    - ¿Cómo está tu madre? No la he visto en varios días.
    ... nno...
    - Bien, bien, ya sabes... algo fastidiadilla, pero va tirando.
    - ¿Y tú?
    - Lo habitual. Algo cansado, pero sigo aquí, que es lo que cuenta... ¿alguna vez se te ha ocurrido pensar qué es lo que le pasa?
    - ¿Cómo dices?
    - Por la cabeza, quiero decir. ¿Qué le está pasando por la cabeza?
    ... mmh...
    - Está enfermo, chaval. Es más, está ido del todo. No esperes que piense nada.
    ...

    ...

    - Quiero decir, alguien con una vida como la suya, no sé...
    - Olvídalo. Tenemos que llevarle al pueblo este fin de semana. ¿Habéis terminado de asfaltar el camino de la villa?
    - Sí. Ha quedado bien... más o menos. ¿Oye eso, abuelo? El camino a casa ha quedado muy bien. Claro que, desde que la abuela murió, nadie ha vuelto a emplear el gramófono. no es lo mismo. Llegaremos más fácilmente a casa asfaltando el camino, pero... Tendríamos que volver a emplearlo. Le daba alegría a la casa. ¿Sabes que era de mi bisabuela? ¿Verdad, abuelo? Era maravilloso, ponerse a escuchar las canciones de la infancia de mi abuelo... ¿abuelo?

     

    ... sigo aquí...

     

     

    Este relato fue escrito como una especie de relato fantástico, pero ha terminado siendo un mensaje de apoyo a quienes pierden lo que les hizo seres humanos adultos primero y seres queridos después... recordemos que, a pesar de que ya no sean quienes son, siempre queda algo de lo que fueron.

    Siempre siguen ahí... de algún modo, y a pesar del Alzheimer.

     

    December 08

    Nadie querrá haber llegado al final de la maraña


    Las posibilidades son infinitas. Los ánimos creativos, no.
     
    Cuando un hombre explora y experimenta, cuando se siente un niño y actúa como tal frente al cosmos vacío en que puede sentirse como tal, simplemente se asombra, sorprendido de la majestuosa verdad del universo en el que vive. Es un descubrimiento, no importa si es científico, espiritual o simple curiosidad. El mundo se descubre o es descubierto, parcial o (imposible) totalmente, brillando como una gema nueva, lista para ser engarzada en Dios sabe qué nueva montura de qué oro, de qué tierras.
     
    Y, a pesar de aquella potencialidad brillante y continua entre las flores y las gentes, que buscan llamear entre olores y almas, la verdad es que todo lo que descubrimos en las nuevas formas, tierras y sabidurías se vuelve no insustancial o frío, nunca frío, sino tan sólo lejano. Lejano...
     
    Da igual. Al final, siempre es lo mismo verlo que no verlo, puesto que nos llevamos a la tumba todo lo que sabemos. ¿No es así? No, en realidad, no. No hay verdad en lo que hacemos (mucho menos revelación, y no hay sinceridad en absoluto, por cierto, con nosotros mismos), si es que consideramos que lo que hacemos no es realmente descubrir, sino seguir descubriendo. Hemos descubierto muy pocas cosas. Al final, resulta que lo que más hacemos, es no dejar de tirar del hilo con la esperanza de obtener alguna verdad última, alguna existencia prometida que, de hecho, se nos escapa, dándonos esquinazo en una constante persecución que, de hecho, tal vez, quizá, no sea más que un fantasma en el que nada perseguimos... salvo a nosotros mismos.
     
    Con todo esto, quiero decir que nos buscamos en nuestros descubrimientos, en nuestras verdades y en nuestras sombras, y, si podemos, en nuestras mismas mentiras, en nuestros secretos, pensando (pensando, ¿o soñando?) que las cosas en las que nos esforzamos tan duramente son tan sólo espejos en los que mirarnos y preguntarnos: ¿soy como yo creo que soy, soy de otro modo, cómo soy?
     
    Nos descubrimos descubriendo el mundo que nos rodea. Nuestra residencia moral, evolutiva y real en el mundo vive y muere con nosotros, un nicho de pensamientos, de sociedad y de unidad única en el universo, nuestro "perfil", supongo... el hueco que dejamos en torno a nosotros y en el que no están los demás. En parte, eso es lo que nos define.
     
    Pero, cuando vas avanzando, te das cuenta de que las verdades se van incrementando (y no agotando, como cabría pensar) conforme tiras del hilo del pensamiento. Crees que el titánico ovillo de las revelaciones se agotará, que llegará un momento en el que estarás tirando del aire (gran consuelo, vaya una verdad última), cuando, en realidad, da la impresión de que cada nuevo tirón no sólo enmaraña más la mezcla de hilo, sino que la mezcla parece crecer, desarrollarse, ver nuevas e infinitas curvas en las que perderse sin dificultades... y en en las que perderte.
     
    Y es que problemas sólo dan problemas, no soluciones. Cada pregunta lleva a otra pregunta que responde a las verdades que encuentras... como si fuera una enorme avalancha, un árbol, todos los símiles tópicos. Toda verdad lleva, al final, a la búsqueda de otras verdades. ¿Salimos del bosque, hemos desenmarañado algo? ¿O nos hemos limitado a seguir tirando (¡quién sabrá por qué!), para encontrarnos exhaustos y agónicos, del cable todos los días de nuestra vida sin más resultado que la crisis más grande a la que puede enfrentarse un ser humano...?
     
    Eso es un agotamiento final y finalista, último e íntimo (de algún modo). Pero no es precisamente sencillo. Es un agotamiento progresivo. Una agonía (la palabra no está puesta a la ligera) en la que tienes que redirte a la evidencia de que hay más de lo que se puede abarcar. Te rindes y admites lo inevitablemente cercano que estás de tu final y que la distancia y el tiempo que te queda para desenredar la maraña son inconcebiblemente mayores. ¿Hasta que punto? No lo sé. ¿Hasta que punto tenemos comprensión del mundo en el que nos movemos? ¿Hasta qué punto entendemos el lugar y los deseos que tenemos en él? ¿Lo entendemos siquiera?
     
    Este es un agotamiento creativo, lo cual, a mi parecer, es el final menos malo de la vida. ¿Por qué? Bien... podría creer que la verdad (o, mejor dicho, que la Verdad, así, con V mayúscula) es, como dicen los creyentes de varias religiones importantes, ver la gloria de Dios en todo su esplendor, la brillante ausencia de placer del Nirvana o la existencia perfecta de los superhombres habitantes de los paraísos de Valhalla para arriba. No lo creo.
     
    En su lugar (ya lo dije antes) la verdad es que la inmensidad en la que vivimos no se acabará nunca. Es lo que yo creo... o lo que quiero creer. Porque, en el momento en el que no podamos seguir avanzando indefinidamente, entonces, habremos descubierto el límite, el final... el FINAL de la Maraña.
     
    Y ¿qué se disfruta más? ¿El comienzo, el final o el proceso en sí... de desenmarañar la maraña?

     
    November 15

    El guía de Macondo

     

    Hace algunos meses, mi mejor baza se me perdió para siempre. No es que esté demasiado preocupado (nunca lo estoy, intento no estarlo), pero hay una cierta inquietud por todas partes, una sensación de angustia que me corroe; no es por haberla perdido, desde luego, sino por haber cambiado tanto cuando lo tuve, y aún ahora, que no lo tengo. Y, frente al alivio que supone el no tener que preocuparme más por ello, en manos de otra como está, creo que darme cuenta de mis limitaciones siempre es mejor que (simplemente) dejarlo correr.

    Quiero decir... hace unos pocos años, encontré el colgante tirado en un rincón sucio de un callejón oscuro. No, no era gran cosa, ni lo parecía. Pero en aquel momento, yo estaba en las cloacas de la sociedad, tirado en el mismo rincón de la cultura de nuestra "gran" civilización, así que el aspecto que tuviera me daba igual. Lo que significaba, no.

    Era una joyita redonda, lisa, algo parecido a un medallón que colgaba de una preciosa cadenita dorada. Dios, me dije, he aquí algo que me puede valer un par de bocados. Más de un par. No tenía ni simbología antigua ni ningún tipo de mierda similar, nada que me dijera de dónde venía o qué era. No le dije a ninguno de los demás vagabundos de mi barrio qué había encontrado (más de uno podría cebarse conmigo).

    Así que me limité a emplearlo en mi beneficio. O, mejor dicho, a dejar que me beneficiara.

    En un principio, no me daba ni cuenta. Era como si, de golpe, las cosas me fueran mejor, ¿sabe? Como llevar una herradura en el bolsillo, echar sal por encima del hombro o encontrar un trébol de cuatro hojas en un parque lleno de otros iguales. Como si te tocara el gordo. De hecho, la primera pista fue cuando me encontré por la calle un boleto recién premiado.

    No era mucho, pero me bastó para empezar. Al principio, simplemente encontraba mejores trozos de comida en la basura, uno o dos bocadillos sin empezar. A la semana, un billete de veinte en una papelera. ¡Y lo que me dije entonces! Me propuse ahorrarlo. Y lo hice.
    Y, al cabo de un mes, el boleto premiado.

    No podía creer mi buena suerte, pero la verdad era que, a mi alrededor, las cosas seguían como siempre; los guardias y los seguratas seguían dándonos palizas cuando salíamos de nuestro barrio, las pandillas de violentos nos perseguían, los niños se burlaban de nuestra suerte. Me propuse cambiar todo aquello, así que le pregunté al sabio, un licenciado universitario que había terminado con nosotros tras pasar una serie de desgracias increíbles.

    El hombre se mostró muy interesado por mis éxitos. Sabía guardar un secreto, y lo hizo.

    El hombre era viejo; ya que no tenía nada que perder (excepto, tal vez, la vida), prefería conservar los secretos que le daban como un tesoro, y devolver sólo lo que consideraba indispensable: consejos.

    Y así fue como cogí mi dinero, me compré ropa nueva y resistente y fui a la ciudad.

    Dios, qué impresión me causó la ciudad y qué poco me impresiona ahora. Verá, por aquel entonces no sabía que el colgante era el responsable de todo aquello, pero ahora me resulta evidente. Me he resistido en repetidas ocasiones a mi curiosidad, que me aconsejaba enviarlo a un laboratorio. Y no lo hice. Por no separarme de él.

    Le había cogido cariño, y no quería renunciar a lo que significaba.

    Por el contrario, estudié. Me esforcé. Hice lo imposible por mantenerme  a flote, y la cuestión es que me salió bien. Podía concentrarme bien en mis estudios, podía manejar mejor que nunca mis necesidades, podía ahorrar y disfrutar pese a no tener otra cosa que mis trabajos de fin de semana, mi mísera pensión y mi colgante, desde luego.

    Al cabo de unos pocos años, logré pasar con honores un par de carreras de bajo nivel empresarial e hice un par de másteres. En cinco años, trabajaba en un puesto de poca importancia en una pequeña empresa local. Al cabo de otros cinco (aprender inglés me hizo mucho bien), me trasladaron a un puesto de gran importancia en una sucursal anglosajona. Sólo trece años después de salir de mi encierro en el barrio, era presidente de una pequeña empresa de publicidad. Hoy, a los cuarenta y pocos (la verdad es que nunca estuve seguro de mi edad), tengo miles de millones, un negocio increíblemente próspero y una vida generosa. Me casé con una mujer a la que adoro, tengo una hija decente y brillante que estudia para ingeniera y aprecio todo lo que he conseguido. Pero hay algo que nunca me perdoné, y fue dejar el barrio.

    Me propuse cambiar las cosas, sí. Y lo hice. Pero nunca volví. Ayudé al municipio local y abrí un par de sucursales de una filial de mi propiedad allí, hará un mes o dos.

    Pero no fui capaz de volver por miedo a ver de nuevo aquellos rostros vacíos, sin razones para vivir o seguir respirando, sólo con la intención de recuperar la perspectiva (verlo todo a través del culo de una botella siempre ayuda) y continuar... yo también había estado ahí, con veinte años escasos. No era lo que se dice un genio (nunca habría acabado atascado ahí de haberlo sido), pero me abrí camino. Y si lamento no haber vuelto es por un motivo que me duele cada vez que pienso en él; el viejo sabio me ayudó mucho.

    Él había estado allí durante mucho tiempo, más que ninguno de los otros. Sabía mucho, y valía más que ninguno de los demás. Me preguntaba cómo era posible. ¿Qué había ocurrido, cómo podía haber caído tan bajo aquel hombre?

    Al final, decidí que era vital volver al barrio, pero no pude hacerlo. Más de una vez, mi mujer me encontró haciendo las maletas y no tuve la voluntad necesaria para explicarle a dónde iba. Terminé explicándoselo; no me creyó. Le resultaba inconcebible.
    Sabía de mis orígenes (te quiero, pero sólo por lo que eres, no por lo que fuiste), y no le dolía. Ella también se había hecho a sí misma. Pero no podía creer que quisiera volver allí. Pensó que era culpa (les has ayudado más de lo que nadie les ayudará nunca, no tienes por qué sentir que les debes algo, ni tan siquiera el hombre sabio te hizo triunfar, era todo gracias a ti), pero no era eso; me sentía tan asustado de mi mismo, de lo que había cambiado, de lo lejos que estaba de aquellos callejones de suelo sucio, basura omnipresente y cartones que hacían las veces de mantas... Creía que me había olvidado de lo que había sido y, en el fondo, era.

    En todo caso, me pregunté qué hacer con respecto a otra cosa: el colgante. Estaba bien lejos de mi muerte, pero cada vez pensaba más que podía darle escaso uso a su poder, si es que tenía alguno al fin y al cabo; ¿qué más podía querer? ¿Mujeres, cuando amaba tanto a mi esposa? ¿Dinero, cuando tenía tanto como necesitaba para todo lo que quisiera? ¿Salud, cuando los médicos se desesperaban tratando de encontrar alguna muesca ridícula en mi cuerpo de hierro? No sabía cuánta suerte tenía hasta que decidí mirar con los ojos a la realidad y a mi pasado, y entonces vi que el colgante no tenía que pertenecerme por más tiempo.

    Jugueteé con la idea de dárselo a algún pequeño mendigo, o a un joven consumido por las drogas, pero decidí olvidarme de aquellas posibilidades. Ninguno de ellos tendría el elemento clave, la guía que me dio el sabio licenciado en mi mejor momento. No sabía si malgastarían su suerte o si la dejarían pasar (me dije, ¡oh, mente racional!) que, en el fondo, ni siquiera sabía si la joya funcionaría con ellos. Decidí que, en el fondo, me debía más a otras personas.

    Se lo di a mi hija, quien, hasta hoy, ha tenido tan buena fortuna como yo. Ha tenido un éxito considerable, y escala puestos en su carrera con facilidad. Su novio y ella se quieren tanto como mi mujer y yo nos quisimos (y nos queremos). Ya le han ofrecido trabajo para cuando termine la carrera.

    En el fondo, me pregunto qué es lo que me dio el colgante (si es que, insisto, me dio algo); pero , en realidad, y aún cuando escribo estas líneas, no puedo dejar de recordar (un recuerdo amargo)  la ayuda de aquel hombre arrugado por los años de penuria. Él me lo dio todo. Él me dio la vida, me dio la sabiduría y me dio el ánimo necesarios. Ni un ápice más, ni una fracción menos. Le alabo por su astucia, perspicacia y erudición cada vez que recuerdo sus lúcidas disertaciones; no mentiré diciendo que recuerdo todo lo que él decía, palabra por palabra, pero recuerdo fragmentos: una escena, ideas, frases enteras, mantras que hicieron la vida posible cuando parecía insufrible y la pobreza soportable cuando no había salida de ella.

    Así pues, ¿qué me dio el colgante? En el fondo, podría decirse, no me dio más que los instrumentos para conseguir mucho. Pero no me dio lo más importante: no me dio la intención. ¿Qué hacer con todo el oro del mundo cuando te pertenece? Un hombre joven lo dilapidará a puñados, tratando de cazar las nubes, vaciar el mar y capturar el Sol en una jaula; un hombre viejo lo vaciará en su tumba, ordenará edificar monumentos, lo empleará estúpidamente en placeres que pasarán sin pena ni gloria.

    Un hombre sabio, en cambio...

    Más de una vez me he preguntado qué habría hecho aquel viejo licenciado si, tras haber oído mi historia, hubiera cogido una piedra y me hubiera abierto el cráneo para quedarse con el colgante. Hay cosas que no se pueden evitar, como el encarcelamiento, por mucha fotuna que tengas, pero... ¿y si él lo hubiera tenido? ¿Qué hubiera hecho aquel hombre sabio?

    Mi hija ha nacido con la sabiduría natural de su madre y oyendo los consejos que le dábamos (nacidos principalmente de nuestra experiencia, de nuestro paso por el mundo).

    No le dimos la mejor educación de pago, ni le consentimos todo capricho, sólo le ayudamos a desplegar las alas. Lleva el colgante en todo momento. Y lo sigue llevando.

    Tanto ella como su madre piensan que son tonterías mías, pero no tengo sospechas al respecto.

    Si aquel hombre sabio hubiera encontrado aquel colgante aquel mismo día, lo hubiera dejado exactamente allí donce lo encontrara. A menudo me digo que es lo que yo debería haber hecho, pero bueno...

    Hace algunos días, volví a pensar en el barrio. Mis filiales han sido un éxito rotundo, y ahora ya no me asusto de lo que haya podido cambiar yo... me asusta lo que he cambiado, lo que realmente he llegado a cambiar en el mundo. Y me digo que era lo mejor, pero el barrio ya no existe, no como lo conocí, y no puedo saber si realmente el lugar en el que viví, y, más importante, la gente con la que viví, durante los primeros y más duros años de mi juventud (aprendiendo a leer con el viejo, aprendiendo a escribir con el viejo, como todos los pequeñajos que llegaban allí) ha cambiado para siempre o ya no existe, o se ha marchado de allí... tal vez todo eso.

    Ahora tengo más la duda de qué ocurrirá cuando yo muera y las filiales no tengan por qué seguir allí. El barrio depende ahora de ellas.

    ¿Era esto lo que quería? No lo sé, ni me importa... aunque lloro a menudo, y lo lamento prácticamente a diario, las mismas veces que lo recuerdo. Como si tuviera ya alguna importancia.

    Pero, la semana pasada, releí Cien Años de Soledad (se deja leer, y lo encontré en la mesilla de noche, como un aviso celestial); y no pude por menos que murmurar, sin pensar nada más que en el viejo y el barrio, y olvidando por unos momentos el madito colgante, que nunca importó nada, cuando lo cerré y dejé en la mesita de noche:

    - Dios, ¿hicimos bien demoliendo Macondo?

    Macondo... la tierra de los sueños viejos.

     

    November 10

    Un Cerebro Propio

     
     
    Pese a la gran cantidad de cosas que he visto y hecho a lo largo de mi vida, tú eres lo mejor que me ha pasado... no, demasiado nostálgico. Además, ¿qué es lo que me ha pasado con ella? Nada; quiero que me pase. Pero aún no me ha pasado nada. Mierda.
     
    Y rompió el papel.
     
    Veamos.
     
    Volvió a tomar puntería con el bolígrafo sobre el papel y apuñaló de nuevo la superficie blanca e imperceptiblemente rugosa, dejando una sangrante herida negra conforme la tinta que trazaba un nuevo mensaje, que rechazó antes incluso de terminar la tercera palabra. Cogió con ambas manos el folio y lo arrojó a la papelera. Al menos una docena de otras hojas deformadas yacían en o alrededor de la papelera, casi como frutos y testimonios de la  rabiosa futilidad de su esfuerzo.
     
    Cogió otro folio y se preguntó pacientemente si la próxima entrada sería menos poética. A veces se leía y se resultaba tan pegajoso...
     
    Verás, no importa lo que te diga...
     
    Demasiado negativo. Ras.
     
    No se molestó en tomar puntería. Se levantó del escritorio, sumergido ya en el caos que rebosaba por todo su cráneo. Claramente, su cerebro no estaba por la labor. Siempre había sido un órgano más bien cobarde. No le sorprendía.
     
    Decidido a retomar la labor, quién sabe por obra de qué glándulas, recogió el bolígrafo y cogió un folio inmaculado. Ni siquiera se le pasaría por la cabeza mirar la pila de papel reciclable que ya había tirado; a pesar de su carácter más o menos afín a la ecología, en aquel momento nadie le convencería de recoger todo aquel maremágnum de desechos de papelería y tirarlo al contenedor azul. Estaba muy centrado en lo imposible.
     
    Te diría todo lo que siento, pero no tengo palabras para... joder. Tópico.
     
    Y lo rompió.
     
    Desde luego, ni siquiera se le había pasado por la cabeza que lo mejor sería escribir todo aquello en el ordenador, a máquina, con un gasto mínimo de papel, tinta y papelera. Por desgracia, en aquel momento nada le haría distraerse de lo que hacía y centrarle en el ambiente categóricamente desordenado de la mesa y su entorno.
     
    No existe ni podrá existir jamás nada... ¿seré idiota? ¿En qué coño estoy pensando? Raaas.
     
    Era una chica indescriptible. No era la primera, ni tampoco sería la última, por la que sentía lo que sentía, pero todas las veces que lo sentía se encontraba a sí mismo intentando expresar, por escrito, oralmente, o incluso en vídeo, todo lo que sentía. Desde luego, los magros esfuerzos intelectuales, dirigidos por una sensación de mera urgencia psicológica, le impedían ver la verdad del asunto: podía y debía decir cuanto antes lo que sentía, pero siempre había algo que le impedía hacerlo, al menos antes de que alguien se le adelantara.
     
    Podía ser un testigo inconveniente, un mal momento o un carácter desagradable. Podía ser un mal día, un lugar inadecuado o las palabras equivocadas. En ciertas ocasiones, incluso la mera cobardía era un problema. Pero en casi todas las ocasiones, el mayor problema al que se enfrentaba eran los Propios.
     
    Ya incluso les daba el dudoso honor de llevar un nombre con inicial mayúscula. Pero no servía para reducir su rabia y mal genio en general.
     
    Punto uno, el Propio es capaz de aparecer en el momento menos adecuado de todos para ti. Para él, casi siempre te andaba buscando.
     
    Punto dos, el Propio es capaz de necesitarte durante, oh, digamos un cuarto de hora o así, tiempo suficiente para que la chica decida que tiene cosas mejores que hacer que escuchar a lo maniquí.
     
    Punto tres, decirle al maromo del Propio que se largue equivale a una condena instantánea por parte del Propio y de la chica; "pobrecillo, chico, ¿no ves que te necesita para esto?" Será debidamente encantador y amable en este caso.
     
    Punto cuatro, sexo, edad y características del Propio son independientes por completo de los demás puntos descritos.
     
    Punto cinco, el Propio no tiene vergüenza... hasta que, unos quince segundos después, que es cuando la chica asume que está de más, se decide a irse, y el Propio pregunta: "Perdona, ¿he interrumpido algo?",y tú tienes que callarte o partirle la cara. O responderle, con la mandíbula firmemente cerrada "Ssssññíí...".
     
    Punto seis, el Propio, de hecho, es un ser humano; pero, cuando no haya Propio, ocurrirá otra cosa en lugar del Propio.
     
    Punto siete, si no hay Propio, no te preocupes, la cagarás de algún otro modo.
     
    "Es la historia de mi vida", pensó el frustrado escritor, repasando lo que había escrito. Inconsistente, se dijo. Y lo rompió en cuatro trozos.
     
    Sí, sé que quedaría más literario decir "en mil pedazos". Pero no resultaría correcto, y desde luego nada realista. Nadie se dedica a romper en mil trozos exactos un manuscrito que, de hecho, ni siquiera era bueno. Demasiado esfuerzo invertido inútilmente.
     
    Finalmente, se preguntó qué iba a hacer. Era evidente que no lograba sacar nada en claro de todo aquel montón de papel. Eran las nueve, las ocho en Canarias, y tendría que hacerse la cena en algún momento de la noche. Por desgracia, la calidad de los escritos no alcanzaba el éxito que desearía haber conseguido. Por desgracia. La pesadez del fracaso, combinada con el alivio de su cobarde córtex prefrontal, le libraron de la terrible carga de la angustia y la necesidad de expresarse. De todos modos, aquella masa conformista de neuronas miedosas tenía alguna utilidad; no pasarían ni cinco minutos sin que empezara a autojustificarse, convenciendo al sujeto en su conjunto (glándulas inclusive) de que, en realidad, no quería hacer nada de todo aquello.
     
    En el fondo, todo aquello era una excusa; sabía que nunca tendría el valor de declararse. O que, si lo reunía, nunca podría llegar más allá de la sensación combinada de fracaso y rabia consecuencia del rechazo. En algún punto de su inconsciente, de hecho, una pequeña parte de él se alegraba de no meterse en semejantes berenjenales, convencida de la importancia de una vida monótona, cargada de melancolía pero blindada con tranquilidad y cinismo a prueba de decepciones. Al menos, ese punto de su inconsciente esperaba retrasar lo suficiente a las glándulas de aquel estúpido (es decir, el resto de sí mismo) el tiempo necesario para que la chica en cuestión se fuera con otro.
     
    Lo que más le dolía es que todo aquel esfuerzo, toda aquella angustia, nada de aquello era siquiera necesario para enamorarse o enamorarla... y, de hecho, no creía que pudiera enamorarla a ella.
     
    La vida no saca de la cama a nadie, desde luego.
     
    Él no se molestó en comprobarlo. Antes de decirse "¡Valor, y al toro!", prefería morderse la lengua, tragarse sus deseos y sus sueños y seguir caminando.
     
    Algún día, tropezaría y caería. Entonces se daría cuenta de qué habría alcanzado si hubiera corrido.
     
    Pronto empezó a olvidarse de lo que estaba pensando, cogió una novela que tenía a medio leer y se tumbó, diciéndose que, en realidad, había visto a la chica quedar con un internista el jueves pasado. También se recordó que, en realidad, todo aquel asunto era una mera consecuencia de su forma retorcida, o, mejor dicho, tortuosa, de ver el mundo; estaba seguro de que había formas más inteligentes, apropiadas y... bueno, apropiadas, de decir algo tan importante a una chica con mínimas posibilidades de éxito, y, desde luego, estaban fuera de su alcance.
     
    Además, con lo poco que la gente se declara por correspondencia... aunque, en cierto modo, pensó, la verdad es que la gente que no se declara por correspondencia lo hace bastante mejor que yo.
     
    Mierda de cerebro. Como si yo tuviera la culpa. Oh, cállate... traidor... ¿Y si no quiero? ¿Qué, vas a hacerte una lobotomía para joderme? ¿Seis mil millones de seres humanos en el mundo y soy el único cuyo cerebro ha evolucionado para evitar reproducirse? Eh, que estoy escuchando, ¿sabes...? Oh, ¡cállate! ¡Sólo porque tú eres un trozo de masa gris dentro de mi cráneo no quiere decir que tenga que escucharte! ¿Y por qué no? ¿A quién vas a escuchar si no? Vaya, qué bien...
     
    ... estoy hablando con mi cerebro, así que lo de la lobotomía no puede ser tan mala idea.
     
     
     
    También he oído eso. Me lo temía.
     

     
    November 02

    Are you thinking with Portals?

     

    Hola y, de nuevo, bienvenida al Centro Científico y de Entretenimiento Computerizado de Aperture Science.

    Lo siento. Hace algún tiempo, y mira que ya es algún tiempo, me juré no hacer crítica de ningún juego en mi espacio (la última prueba, con el adorable Halo, fue algo devastador para mis nervios y mi amor propio). Pero no he podido evitarlo. Tengo que hacer una pequeña reseña al último juego de VALVe.

    Se llama Portal. Y es la leche.

    NOTA: A quien quiera saber más del juego jugando, que juegue antes de seguir leyendo. Es lo que se podría llamar un artículo destripaargumentos...

    Gracias por ayudarnos a ayudarle a ayudarnos a todos.

    Portal es, en esencia, un juego enigmático. Empieza con una inmaculada habitación con paredes transparentes, un espartano mobiliario y una especie de cápsula de la que te levantas, sorprendida. No sabes cómo te llamas, qué es lo que haces allí o donde has pasado tu vida hasta aquel momento. Lo único que sabes es que la muy atenta y amabilísima voz de un ordenador te da la bienvenida al Centro Científico y de Entretenimiento Computerizado de Aperture Science (Aperture Science and Enrichment Center). En esencia, parece que eres un sujeto de pruebas, voluntario (quizá) y bien considerado por sus locutores (tal vez). La cosa es que la voz se entrecorta y, súbitamente, en la única sección de pared que no es transparente, un bloque de hormigón desnudo, se abre un ovoide anaranjado que da a... al pasillo de fuera, parece ser, en el que puedes observarte por un segundo ovoide de contornos azulados.

    La estética del juego puede ser criticada, pero no seré yo quien lo haga. A lo largo de sus gloriosos 19 niveles y cámaras de pruebas, la misteriosa voz del casi omnipresente ordenador te acompaña por pruebas en las que tendrás que recurrir a un elemento de estrategia enfocado desde un aspecto de pura acción en primerísima persona (estilo Mátalos A Todos Con Un Arma De Fuego Cuanto Más Grande Mejor), con una evidente función de puzzle. En otras palabras: Portal no es un juego hecho para la gente de gatillo fácil, para quien ansía ver muerte y destrucción (preferiblemente en sujetos ajenos) y no es precisamente para individuos impulsivos. Portal es... bueno, es una buena pregunta, ¿qué es Portal?

    Empecemos hablando del Dispositivo Portátil de Portales de Aperture Science (Aperture Science Handheld Portal Device)

    He aquí una perla de sabiduría. En estos momentos, el Dispositivo vale más que todo lo que poseen los habitantes de [Inserte Nombre de la Ciudad del Sujeto Aquí] y sus sueldos.

    El DPPAS (Nadie lo ha abreviado nunca, que yo sepa, pero para todo hubo primeras veces salvo para los políticos ineptos, que parecen ser más viejos que el Universo mismo) es un aparato igual de impoluto y aparentemente funcional y aséptico que todos los demás aparatos, dispositivos, cámaras de pruebas y cacharros en general que pueden encontrarse a lo largo del juego en el test. Este aparato, similar a un rifle de aspecto parcialmente esférico, con una única abertura delantera rodeada por tres pequeños brazos mecánicos asociados a las múltiples funciones del mismo, es absolutamente notable. Desarrollado en secreto por los ambiciosos miembros del equipo de investigación de los laboratorios de Aperture Science, el DPPAS fue creado con la intención de a) recortar gastos de seguridad abreviando algún que otro protocolo estúpido de seguridad, b) demostrar ciertas teorías del modo más impresionante posible y c) ganar dinero, muuucho dinero, mediante el atractivo que suscitaría a inversores privados y gobierno. Desde luego, a) los protocolos de seguridad están ahí para algo, b) ciertas teorías no deberían llegar a demostrarse jamás y c) después del pequeño incidente de Black Mesa en el que los alienígenas estuvieron a esto de invadir el mundo (véase la otra gran franquicia de VALVe, Half Life), el gobierno no está en condiciones de invertir en estas tonterías. La cosa es que a alguien se le fue la mano con algo que era mejor no perder de vista y ese algo hizo que las cosas fueran muy mal y muy de golpe.

    La cuestión es que, prácticamente al principio del juego, tras un entrenamiento genérico en el uso y las mínimas informaciones acerca de esta curiosidad física, los portales, la amable voz del ordenador acaba llevándote a una cámara en la que encuentras el DPPAS. Este dispositivo te permite (literalmente) hacer que algo que está aquí esté también allí; en otras palabras, el usuario es capaz de inducir la creación de dos áreas ambiguas de espaciotiempo, entre las cuales la distancia real es cero, pese a que se sitúan sobre superficies no metálicas diferentes; vamos, que abre Portales conectados de tal modo que, si entras por uno, sales por el otro. Así de fácil.

    El DPPAS es una obra maestra en este sentido, ya que permite mantener abiertos simultáneamente dos portales con doble sentido de tránsito. Es decir, puedes entrar por uno e, inmediatamente después, volver al punto de partida por el portal por el cual habías salido. Desde luego, esto no es todo. Puedes abrir un portal por delante y otro por detrás, si eres vanidoso, para mirar a través de uno de ellos y ver a un tú infinitamente repetido. O puedes abrir un portal en el techo y otro en el suelo e ir cayendo infinitamente a través de ellos, sin chocar con nada si los alineas lo bastante bien. O incluso puedes volar durante algunos segundos gracias a una característica espectacular de los portales, por la cual se conserva el momento inercial de los objetos que los cruzan (lo mismo que ocurría en Stargate, por cierto: "para los legos, si las cosas entran rápido, salen rápido").

    No obstante, el DPPAS tiene sus defectos. Son descritos con un detalle relativo por el ordenador. Una pena que suspenda el uso de la verdad a mitad de la prueba.

    El Centro de Investigación y Entretenimiento Computerizado de Aperture Science le infoma de que, tras esta prueba, se le horneará. Y luego habrá tarta.

    GlaDOS (Tal vez su nombre sea una pequeña referencia al MSDOS del bueno de Guillermito Puertas, quién sabe) es sarcástica. Muuuuy sarcástica. La inteligencia Artificial de las instalaciones de Aperture Science suscita ya en las primeras frases de su interminable monólogo un cierto desconcierto y un recelo característico de los que se saben no sólo observados, sino también manipulados. Esos, desde luego, son el jugador y su desgraciada avatar, es decir, la mujer que tenemos que manejar durante todo el juego. Debo añadir que el doblaje en inglés de este superordenador, que es subtitulado en la versión castellana del juego, es sencillamente insuperable; pero decir eso se queda corto. El guión es sencillamente brillante. Sobre todo cuando sirve para convencer al jugador de que, en el fondo, no estamos ante un juego serio.

    Representada por una serie de tétricas cámaras a lo largo del juego, GlaDOS es virtualmente invencible y omnisciente. Tiene el control de los laboratorios y las zonas de pruebas, de los sistemas de defensa automáticos de emergencia y de armamento, e incluso parece capaz de rebelarse sin dificultades contra sus creadores al mismo tiempo que te habla de la tarta que te espera al final de las pruebas (realmente, las pistas dejadas por tus desafortunados predecesores en improvisados refugios a lo largo de las cámaras son muy claras al respecto: la tarta es una mentira. Es duro enterarse, pero la vida es así).

    Las virtudes de GlaDOS son evidentes; pero es que este necesario personaje en el juego, que evoluciona desde su posición de poder, descubriéndose paso a paso ante los sucesivos éxitos de un jugador lo bastante hábil o dedicado (viene a ser lo mismo) no es meramente un personaje: aparte de la muda protagonista, es la única protagonista del juego. Sus mensajes, casi ingenuos y de apariencia macabramente inocente, son sucedidos de explosiones de mal humor, rabia, miedo, impotencia, triunfo, desánimo, ira o indiferencia. En fin, qué decir. Casi no parece que sea un ordenador psicótico y sumamente peligroso al que hubo que poner un módulo de moralidad la última vez que inundó el Centro de Investigación y Entretenimiento con neurotoxinas letales para que no volviera a inundar el Centro de Investigación y Entretenimiento con neurotoxinas letales (Así que relájate mientras preparo los emisores de neurotoxinas letales...).

    Basta. Vuelve ahora mismo a la zona de pruebas o

    te mataré. ... Te mataré, y que conste que ya no queda tarta.

    La verdad más evidente para cualquier jugador de Portal es, precisamente, que no se encuentra ante un juego corriente. Si se me pregunta qué clase de juego es, diré que es un puzzle en primera persona. Si se me interroga sobre el carácter estético del juego, confesaré que me parece una excelente relación de tonos asépticos, casi clínicos, con ambientes cerrados y opresivos, oscuros, con colores rojizos y anaranjados que hacen pensar al jugador que ha abandonado un mundo ordenado y limpio (las salas de pruebas del comienzo del juego) para entrar en un infierno industrial lleno de pistones que suben y bajan, instalaciones viejas y oxidadas, manchones de sangre y, sobre todo, vías de escape. Que es lo que nos interesa, ¿no?

    Los gráficos de Portal se basan en el mismo motor gráfico de Half Life 2, Source. No me meteré en rollos técnicos, que me liaré u no es plan, pero puedo asegurar que no está mal. Tampoco es el mejor disponible en el mercado, pero no está naaada mal. Las características propias de este motor gráfico, exclusivamente modificadas para Portal, se deben a la necesidad de solucionar paradojas como la aparición simultánea de un objeto en dos partes distintas de un nivel concreto; por ejemplo, cuando una caja queda apoyada en un portal abierto y sobresale por el otro. O, para entendernos, se da la casualidad de que la inmensa mayoría de los objetos pueden verse sin dificultades a través de los portales. Por duplicado o incluso en números aparentemente interminables.

    El motor físico también tiene que soportar excepciones concretas para las que la realidad nunca fue diseñada. Por ejemplo, cuando situamos dos portales de modo que lo que tiremos en uno saldrá por el otro sólo para volver a caer por el primero (el momento inercial se conserva, pero no libera a los objetos o individuos que cruzan el portal de la fuerza de gravedad), el susodicho objeto caerá por los portales hasta que gane mucha velocidad (momento en el que, literalmente, saldrá volando por uno de ellos). No es en absoluto un sistema infalible. Pero les funciona. Así que no sé.

    De la banda sonora no hay mucho que decir. Es correcta y se adapta al juego, al igual que la colección de sonidos que salpican los puzzles como avisos o incluso guiños desesperados del propio jugador al medio. Por otro lado, cabe mencionar el curioso carácter infantil de las torretas defensivas de la instalación, que te buscan, juguetonas, para matarte. O elementos tan interesantes como el Cubo de Compañía de Aperture Science o el Incinerador de Inteligencia Artificial de emergencia de Aperture Science, que van apareciendo a lo largo del juego, además de elementos tan cruciales y frecuentes del juego como los Cubos Contrapesados de Carga de Aperture Science, las ya mencionadas cámaras de vigilancia, los Botones de 1100 Megavatios de Potencia de Aperture Science o las mencionadas torretas. Es este trabajo artístico y de imaginación el que puede metérsete bajo la piel y conseguir que te metas en un juego que, en apariencia, no tiene ni pies ni cabeza hasta que aprendes a manejar los portales, porque, creéme... no es tan fácil como parece.

    Tú dirás lo que quieras, pero, hasta ahora, lo único que has logrado romperme es el corazón.

    Portal es un juego para gente con tiempo y mentalidad paciente. También ayuda tener las partes del cerebro que controlan la inteligencia espacial algo más desarrolladas. Y, si bien es un juego un poco abrumador al principio y demasiado corto cuando se ha acabado (esto es desgraciadamente cierto) siempre puedes atreverte con los mapas de bonificación, Desafíos y Avanzados.

    Por otro lado, Portal es un juego atípico dentro de esa selectísima colección de juegos especiales que hacen llorar de alegría a un viejo aficionado y pueden enganchar a un neófito de los ordenadores. En mi humilde opinión, tiene lo que hace falta para convertirse en una de las franquicias comerciales más existosas de VALVe. Y en una de las sagas más aclamadas, desde luego, si es que quieren seguir con ella. Y no es de gráficos impactantes, sonidos desconcertantemente realistas o historias profundas lo que hace a Portal un juego excepcional. Es simplemente que a nadie se le había ocurrido un sistema como el suyo antes. ¿Plataformas? Sí. ¿Puzzles? Sí, sí, pero a nadie se le había ocurrido implementar a un juego como este la característica que da nombre, calidad y merecido renombre a Portal.

    Portales Portal

    No eres inteligente. Ni siquiera eres una doctora. Ni una licenciada. No tienes ni un empleo fijo siquiera. Toda tu vida a la basuraAAAAaaaaaargh...

     

    Are you thinking with Portals?

     

    August 22

    El Extraño

     

    Era un extraño; no diremos que lo fuera en su propia tierra. Diremos que, sencillamente, era un extraño allá donde fuera.


    Un viajero. No un buhonero, llenos los bolsillos, llenos de sueños; no un poeta, no, no un poeta. Ni un solitario vaquero. Ni un gánster, ni un paseante cuyas ensoñaciones solitarias sirvieran de biografía definitiva e interminable, ni un artista perdido en las mismas ensoñaciones que sirvieran de postrera inspiración y enloquecedor deseo y loca esperanza.


    Un extraño. No porque no tuviera hogar, que lo habría tenido de desearlo, sino porque no hay hogar para el vagabundo. Un trotamundos errabundo y cantador de desencuentros; no siempre amorosos. Para que haya un desencuentro, paradójicamente, dos sujetos deberían involucrarse físicamente, y para ello, hace falta un encuentro; o, al menos, un encontronazo.


    Un extraño del camino, en el camino, a través del camino. Un camino sin señales, desde luego, y no siempre fácil; pero rendirse siempre equivale a morir, porque quien se rinde, se sienta, quien se sienta, se duerme, y quien se duerme, se muere, y un viajero no se rinde, busca otra ruta. Sólo si no le queda más remedio vuelve sobre sus pasos y recuerda. Porque la vida es el volátil fluido del momento mezclado con la roca sólida del presente. Y el vuelo del pájaro a través de la estancia iluminada. Y el camino. Y nada de eso.


    Y tal vez todo lo demás.


    Era un extraño allá donde fuera, y para todos, él inclusive; no era una excepción.

    July 24

    El País de los Payasos

     
     
    Luz y color llamaban la atención de los niños aquí y allá. El hombre estaba solo, pero aún y así se sintió con la necesidad de seguir así; mirara a donde mirara, sólo aparecían personajillos grotescos atosigados por los niños. De fondo, sonaba algo parecido a una multitud cuchicheante; pero aquel fondo no se escuchaba con facilidad tras los chillidos llenos de alegría de los pequeños que saltaban y corrían acosando a los seres.
    Sabía que estaba en alguna parte concreta, pero no podía recordar cómo había llegado allí. Cuando intentó recordar por qué no lo recordaba, simplemente no pudo recordarlo. Cuando intentó recordar algo, lo que fuera, sólo le vinieron a la mente un par de palomas que habían aparecido de la nada. Las dos remolcaban una ramita de olivo.
    En cuanto se fijó mejor en ellas, se dio cuenta de que estaban peleando por ella.
    Estaba en lo que parecía ser una enorme sala de suelo terroso y rodeado de oscuridad. No es que estuviera muy iluminado, pero estaba rodeado por un círculo de terreno que parecía tener su propia luz, ya que no había ningún foco visible. El cielo, lo mirara como lo mirara, era una sombra. Se preguntó si era la sombra del suelo e inmediatamente deseó no haber pensado eso.
    Los niños que correteaban de aquí para allá estaban contentos y se divertían persiguiendo y atosigando a los misteriosos engendros enanos y alargados, chaparros y escuálidos, cabezones y descabezados, ojerosos y con la cara tan suave como el culito de un bebé. Todos ellos iban mal peinados y vestidos, pero los pequeños torturadores que les seguían no estaban en absoluto desconcertados o asqueados por las apariciones tristes y desmadejadas, y no se preocupaban por derribarles y pisotearlos divertidamente, como si se trataran de muñecos rellenos de arena.
    Muchos de los seres iban vestidos de brillantes colores. Vio a uno de ellos en el suelo; parecía estar inmóvil. Su ropa se había desgarrado y había dejado caer una masa de arena brillante sobre el suelo terroso. El hombre no pudo seguir mirando. Había algo en aquella arena que le provocaba arcadas.
    Intentó caminar, pero enseguida se percató de que no quería hacerlo. Quería sentarse y llorar de desesperación, o agarrar a alguien y golpearlo hasta que le dijeran que parase. Quería que alguien le explicara qué estaba pasando. Pero se dio cuenta de que lo que más quería era irse.
    Pero no quería caminar, porque se sentía muy cansado.
    De todos modos, pensó, me quedan los brazos. Y se arrastró como pudo por el suelo terroso. Se dio cuenta de que no importaba lo que hiciera o hacia dónde fuera, el paisaje no cambiaba; niños, enanos, niños, enanos, niños, enanos. Hasta que se percató de que en el suelo habían varias líneas pintadas de color blanco. Casi todas eran líneas crudas, pero algunas terminaban en flechas; otras eran sucesiones de pequeños rectángulos blancos; otros eran grandes bandas blancas colocadas paralelamente, formando senderos rectos en el terreno. Un grupo de niños que rodeaban a un engendro de piel increíblemente fláccida y orejas inconmensurables pasaron, intentando evitar que escapara, por uno de ellos. Uno de los niños que había encima del ser cayó a un lado de la misteriosa senda, y un personaje extravangante que llevaba una gorra desmesuradamente grande y pantalones cortos y una camisa verde con insignias se plantó a su lado y le sacó una tarjeta amarilla con un par de rayas azules abajo mientras pitaba el pito que llevaba en los labios. El niño se convirtió en uno de los engendros, que se vio rápidamente rodeado de un enjambre de aquellas criaturas.
    El susurro de fondo no cesaba.
    En cuanto se hubieran alejado, el hombre extravagante se acercó al infeliz que seguía tumbado en el suelo y le cogió por el cuello de la camisa, gritándole: ¡Venga ya, hombre! ¿No ve que este no es el carril de gente que se arrastra? ¡Pase por esta vez, pero o se levanta o la multa le va a llegar hasta el fondo de la calle! El hombre se pudo mantener de pie e incluso logró decir: Bueno, de acuerdo, señor agente, como vd. diga, faltaríase más. ¡Y la próxima vez no respondo, queda claro! Sí, sí, claro que queda claro, señor agente, como vd. diga. ¡Que no era una pregunta, coño!
    Y se largó con muy mal paso, pitando a las sombras.
    Intentando no violar ninguna señal, el hombre logró llegar a una especie de cruce de caminos con una multitud de señales que señalaban, tal era su cometido. En varias de ellas se contradecía lo que decían otras, casi todas carecían de sentido, y una minoría estaban directamente en blanco.
    Escogió una que decía "El pavo fresco se fue por aquí."
    Cuando alcanzó al pavo fresco, que ya estaba cortado en rodajas y embalado entre dos láminas de algo que debía ser pan, el niño que se lo estaba comiendo le sonrió con calma. El pavo le miró sin sus ojos tristes y le dijo: No se preocupe, caballero, que esto pasa todos los días. No pudo decirle nada más, ya que el chico se lo comió con el rostro emergiendo de un profundo éxtasis culinario.
    Poniendo buen cuidado de no saltarse ninguna indicación, el hombre volvió al punto de partida y escogió una nueva señal; aunque todas parecían haber cambiado en aquellos segundos de confusión con el pavo. Se decidió por una que decía "Fabricamos el futuro, lo juramos." Daba a una trifurcación. Cogió el camino de la derecha.
    Llegó a un lugar en el que no había más que una señal: PROHIBIDO. No decía nada más, así que pensó que se trataba de un lugar intransitable. Pero se dio la vuelta y se encontró una manifestación silenciosa que llevaba carteles dorados con escapularios y docenas de reliquias. Varios de los participantes parecían ser sillones con puros habanos y copitas de coñac que observaban tranquilamente sentados en cómodos hombres. No había quien no llevara su relicario, y los había que parecían montañitas muy piadosas por la cantidad de objetos sacros con la que cargaban. Todo aquello llevaba implícito de algún modo lo que ponía en la señal que dominaba la procesión. Cuando quiso darse cuenta, un hombre con uniforme le había saltado en la espalda y le gritaba: ¡Usted es un impío! ¿No ha visto la Prohibición? Sí, pero ¿qué prohibe?, dijo el interpelado, y el atacante le respondió ¡Moverse! El hombre, sorprendido, dijo Bien, no me muevo más. Pero el atacante, que le estaba atando las manos, le dijo No, ¡es que no ve la señal! Sí, me prohíbe que me mueva, ¿no? ¡No, no, NO! ¡Le prohíbe quedarse quieto! Ah, y si me muevo... ¡Le prohíbe moverse también! Entonces, el hombre miró con los ojos entrecerrados a su captor y le dijo Pues fíjese que está prohibiendo respirar...
    Cuando el hombre se hubo puesto morado, aflojó su presa y pudo salir corriendo de allí. Pero otro hombre le gritó ¡Qué hace! ¡Lo prohibimos todo, nos quejamos de todo! ¡Párese! ¡Esto es un movimiento electoralista del gobierno! ¡Vuelva aquí!
    Pero el hombre pudo volver a la trifurcación. Decidió que se dirigiría a la izquierda. Y en ella terminó por llegar a un lugar en el que había docenas de personas celebrando una fiesta. Pidió algo para cortar la cuerda que le ataba y le dieron veintenas de objetos afilados. Algunos intentaron clavárselos. Muchos lo consiguieron. Pero todo en aquella fiesta era regocijo y disfrute, y corrían las flores pero también lucía la sangre en sus parterres. Muchos niños había allí y todos pateaban a varios engendros y a varios Hombres de lo Prohibido y Quejumbroso, que no paraban de chillar y quejarse. Las grandes mesas alargadas y redondas intentaban llegar a un consenso sobre su posición, pero las sillas ya habían organizado una pequeña anarquía en el centro de la estancia. Un corrillo de sillones disfrutaban tranquilamente de sus puros habanos en un rincón, desde el que lo dominaban todo. No podéis hacer esto, dijo el hombre. Y un sillón le empujó y le dijo Tenemos el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles. En cuanto el hombre hubo decidido que era suficiente, se volvió por donde había venido y se fue al camino del centro.
    En el camino hacia el centro, se encontró de todo menos una buena señalización y gente complaciente. De hecho, varios guardias malcarados se cruzaron con él. Docenas de engendros que iban en manadas le miraron con recelo y un millar de sillones opulentos y orgullosos pateaban el lugar con aires de señorío y hablando del precio del ladrillo y de lo suculento que estaba el mercado ahora que las casas estaban por las nubes. Un par de barriles metálicos con pajarita hablaban del precio del barril Bren. Unos cuantos hombres desesperados y con gesto ausente mascullaban para sí, desquiciando al hombre. Todos se volvían para atrás en cada instante, como si supieran que estaban a punto de ser asaltados por un Hombre de lo Prohibido y Quejumbroso o por un Hombre de lo Librísimo y Cada Uno Por Su Lado.
    Al final, el camino se despejó. Pero resultó que el final del camino era una bifurcación. Uno de los caminos llevaba a la derecha y otro a la izquierda. En frente del camino había lo que parecía un gigantesco pedrusco monolítico que había aplastado el camino del centro. Bajo él sobresalía un brazo en el que ponía "perteneciente a Adolfo Suárez". Sobre el monolito había escritas un millón de cosas. La más reciente era "Radicalización Política". La de más arriba era "Ley Electoral de 1977".
    A la izquierda habían cosas como "Memoria Histórica No Revanchista, Salvo Lo Mínimo". A la derecha, cosas como "ETA NO ZETA NO ZETAPÉ NO".
    Horrorizado, el hombre miró a sus espaldas. Dos hombres subidos en estrados se acercaban a él. Parecía que los estrados avanzaran propulsados por ruedas invisibles, ya que literalmente flotaban hacia él, deslizándose con calma. Uno tenía un puño que señalaba a la izquierda y aplastaba una señal de "Prohibido". El otro, un puño que señalaba a la derecha y aplastaba una rosa en la que hasta los pétalos estaban llenos de espinas.
    Los dos decían, con gesticulaciones y magnificiente tono, VOTOVOTOVOTOVOTOVOTOVOTO...
    Huyendo de ellos, el hombre se salió del camino, y pronto estuvo perseguido también por el hombre extravagante, que le gritaba ¡Imbécil! Vuelve aquí, hijo de la gran...
    Se cruzó con un solitario hombre sentado tras un escritorio lleno de arañas y telas de araña, al que preguntó: ¿La salida? Y el hombre dijo: No lo sé. Sólo soy un escritor. No tengo con qué comprar mapas. Y se durmió, con la cabeza en la misma posición sostenida por las telas de araña.
    Se cruzó con una solitaria joven, que llevaba un periódico en una mano y unas llaves en otras. Estaba debajo del marco de una puerta, y también estaba cubierta de telas de araña que colgaban del marco. Le preguntó: ¿La salida? Y la mujer dijo: No lo sé. Sólo sé que me gustaría poder entrar en mi casa. Llevo diez años pagándola. Y cedió al sueño, sin moverse un ápice.
    Se cruzó con otro solitario hombre, este con bata blanca, también recubierto de telarañas a un lado de una pizarra en la que no cabía nada más. Le preguntó: ¿La salida? Y el hombre dijo: Verá, fui a una beca Erasmus hace unos años, pero quise volver... y la verdad, ya no me acuerdo. Y también se durmió, sostenido por las telarañas de su pizarra.
    Se cruzó con una solitaria mujer, que llevaba una escoba en una mano y un mocho en otra. Todo a su alrededor relucía. El hombre le preguntó: ¿La salida? Y la mujer le dijo: Si lo supiera, iría yo. Llevo quince años intentando librarme de un marido que me acosa y que amenaza con quitarme mi pensión, mis hijos y mi vida, y no sé qué hacer; los jueces me dicen que ya lo han hecho todo. Y se derrumbó sobre el suelo, porque todo a su alrededor relucía y no había ni telarañas para sostenerla.
    Y se cruzó con un solitario hombre negro, que iba vestido con harapos, aunque hasta eso llevaba con dignidad. El hombre le preguntó: ¿La salida? Y el hombre le dijo: No sé. Yo llegué hace unos años, pero no quise salir. Ahora, con mi salario de sin papeles, no puedo volver a casa, pero les envió un poco de dinero... ¿No va a dormirse? preguntó el hombre. No, respondió el hombre negro; no tengo ni dónde caerme muerto. Y no quiero que me prendan fuego mientras duermo, mi jefe no me querría en el trabajo quemado y no me llevaría al hospital.
    Al cabo de un rato más de correr, entró en un gentío de personajes diversos que gritaban consignas muy variadas desde "Viva el Rey" hasta "Olé tus huevos" pasando por "Jesulín es un figura". Los focos aparecían por doquier. Docenas de hombres y mujeres con micrófonos, cámaras y trajes absurdos se hablaban sin tapujos. Algunos se sentaban en espacios abiertos con múltiples sillones en los que se gritaba mucho, otros perseguían a algunos, y estallaban bastantes peleas. De golpe, sonó un timbre en alguna parte. Los que manejaban micrófonos y cámaras se los daban a los que entrevistaban, los que hablaban fueron sustituidos por otros, los que discutían se dieron la mano y cambiaron sus posiciones y todo el mundo se cambió la ropa sin ningún pudor delante de los demás. Ni un minuto pasó antes de que todos estuvieran en sus nuevas posiciones y preguntando nuevas cosas. Las peleas volvieron a estallar, las consignas como "¡Delincuente!", "Es muy buen tío" y "El novio de la adivina se tira a sus ocho gatos a escondidas" volvieron a sonar y los perseguidores del hombre, que se contaban por docenas, no podían seguirle por todo aquel caos. Una de las mujeres que aparecía allí, de dudosa belleza y horterez insoportable en el vestir, cazó al hombre y dijo a las cámaras Este es mi novio.
    El hombre pudo escabullirse antes de que empezaran a criticarle por abandonar a su "pareja", pero no pudo evitar tropezarse y llamar la atención de un par de hombres. Uno tenía la cara a rayas rojas y amarillas y le dijo Largo, que están a punto de construirme un AVE aquí, homa, mientras que el otro llevaba la cara pintada a franjas rojas, blancas y verdes y le dijo Largo maketo, que ya tenemos cosas que hacer, agur. Ambos le dieron una patada al tiempo que cazaban a una mujer con los ojos amoratados y un traje rojo y amarillo con un escudo manchado de sangre aquí y allá, y empezaban a pegarle una paliza. A lo lejos, uno de los hombres de los estrados gritaban ¡ESTÁN ROMPIENDO ESPAÑAAA! ¡MATARLEEES! ¡CABALLEROS DEL ORDEN, PRESENTEEVOTOVOTOVOTO... y el otro decía Hombre, sí, pero lo están haciendo por la vía constitucional. Bueno, al menos el gordito del AVE por debajo de la Sagrada Familia, espera que coja al que habla con tantas kas. Ahora, ¿no crees que podríamos ayudar a la señora de rojo y gualda...? Parece muy malherida. ¿Algún proyecto de reforma, tal VOTOVOTOVOTO...
    También se cruzó con un hombre vestido de blanco con una raya oblicua de color azul, que llevaba un pin en forma de estrella roja, que farfullaba algo de Ya os daré ayudas de la Comunidad Económica Europea para la pesca.
    A lo lejos, se oyó una explosión que sonó como "GORA ETA" y después cayeron panfletos que rezaban EL DIARIO GARA ADVIERTE: SER MAKETO PERJUDICA SERIAMENTE SU SALUD. Docenas de personas despedazadas empezaron a llover del cielo con los panfletos. Algunos decían EL DIARIO GARA ADVIERTE: LA AUSENCIA DE AUTODETERMINACIÓN PROVOCA LUCHA ARMADA CONTRA EL INVASOR ESPAÑOL. Un par de bombas estallaron a lo lejos, con gritos que cesaron rápidamente. Otra oleada de panfletos decía EL DIARIO GARA ADVIERTE: LAS BOMBAS NO VAN A PARAR. POR FASCISTAS. El hombre, demasiado harto como para intentar entender aquel lugar, se puso a correr.
    Al final, consiguió llegar a lo que parecía una pared de lona. La siguió hasta que encontró una abertura en la misma, por la que salió al exterior.
     

    Había otra inmensa carpa enfrente, que estaba pintada de rojo, blanco y azul, y de la que llegaban compases de la Marsellesa. Más tarde, recordaría que eso le chocó. Tras el hombre, la pared de color rojo y gualda se extendía infinitamente hacia los lados. En ella había un escudo coronado y escoltado por dos gigantescas columnas, bajo el que ponía "EL CIRCO DE ESPAÑA - se vende; razón, el pueblo español". Un par de hombres vestidos de payasos estaban sentados fuera, fumando, con la vista perdida en el cielo nublado.
    El hombre se acercó a ellos.
    - Buenas.
    - Ah, hola -dijo uno, saludándole y apagando su cigarrillo-. ¿Qué, todo bien?
    - Ahora, mejor -respondió el hombre. Le dio la mano.
    - Normal. Lo de ahí dentro es un desastre -dijo el otro, y le dio una calada al cigarrillo-. Un auténtico desastre.
    - Ya, me lo dirá a mi. ¿Y qué hacen aquí fuera? Este sitio parece un circo...
    - ¿Lo parece? ¿Lo parece? Bueno, desde fuera puede ser, pero esos tíos nos dejan en la mierda a los profesionales, ¿no crees, Bobo? -dijo uno.
    - Ya lo creo -dijo Bobo-. Dan risa, pero el problema es que deberían servir para algo más. Nuestra misión es hacer reir a la gente. A veces lo conseguimos, a veces no. Pero esos... bah, esos son peores que payasos, son monstruos de feria.
    - Vaya, que no deberían estar en un circo.
    - Eeequilicuá. Es algo muy deprimente. Pero la verdad es que ya sabe cómo es esto... los políticos hicieron desaparecer a los magos con todas esas promesas electorales. ¡Eso sí que era hacer magia, los muy cabrones! Los malabaristas y tragafuegos ya han sido asesinados o amenazados de muerte, llevan escoltas a todas partes. Y las chicas del desfile final se casaron casi todas, las que no fueran violadas o secuestradas, claro. Muchas están ahora en trámites de separación, y unas cuantas han pedido protección policial por sus maridos. ¿Sabe que uno de cada diez de esos hijos de puta es pederasta? Salen hasta debajo de las piedras.
    - No me diga.
    - Si es que el mundo está hecho una mierda. Ahora, yo no le diría que se quedara fuera, con lo que cae de vez en cuando.
    A lo lejos se vieron unos cuantos aviones. Se oyeron un par de estruendos lejanos.
    - ¿Daños colaterales?
    - Se ve las noticias, ¿eh?
    - Te lo machacan mucho, sí.
    - Bueeeno. Me vuelvo para adentro. ¿Vienes, Grillo? -le preguntó el payaso Bobo a su compañero.
    - Ahora voy, dame un momento... -le dio una última calada a su cigarrillo. Miró a su interlocutor- Es que... desde que lo prohibieron tenemos una excusa para salir fuera y fumar. Antes era sólo para fumar y salir fuera. No sé si lo coge...
    - Creo que sí -sonrió el hombre. En un momento dado, preguntó-. Perdón, pero ¿qué le ocurrió al Jefe de Pista?
    - ¿A ese? Oh, se montó una inmobiliaria y se llevó todo lo que sacó a Suiza. Es la carpa de allá, la blanca con bordados de oro y platino. La bandera no se ve desde aquí.
    - Algunos saben como jugar sus cartas, ¿eh?
    - Ya le digo.
     
     
     
    Ya os digo...

     
    July 05

    Movimiento 8º: Melancolía

     
    Pasear es un placer
    cuando paseas por esa calle.
     
    Dicen que es una calle
    en la que recuerdas el ayer
    como cuando renaciste después
    de aquel primer beso.
     

    Pasear como caminante
    cuando paseas por esa calle.
     
    Dicen que no olvidas
    haber visto algo fascinante
    como cuando viste marcharse
    la vida de esa primera muerte.
     

    Pasear sin penas
    cuando paseas por esa calle.
     
    Dicen que disfrutas
    como cuando bordeaste un Sena
    con luces encendidas en cenas
    de París y de amantes.
     

    Pasear siempre solo
    cuando paseas por esa calle.
     
    Dicen que lloras en silencio,
    como cuando brillan los ojos
    de una madre,
    con un rostro
    amortajado en lágrimas.
     

    Pasear por esa calle, dicen,
    puede ser un ejercicio interesante.
    Les recomiendo que lo hagan,
    pero dejen sus sentimientos antes.
     
     
    June 17

    Diecinueve


     ¿Por qué la quiero?
    Lo más importante, para mí, son los labios, se oyó.
     ¿Me quiere ella a mi?
    Lo más importante son los ojos, dijo una voz.
     ¿Qué significa mi vida para mi?
    No, lo más importante son las manos, dijo otra.
     ¿Y qué significa para ella?
    No, lo más importante son los pechos, dijo otra.
     ¿Por qué la quiero?
    No, sin duda lo más importante son las mejillas, dijo otra.
     ¿O sólo la deseo?
    No, no lo son; es el perfil de la cara, dijo otra.
     No... estoy seguro de que la quiero.
    No. Son sus cabellos, dijo otra.
     No. La deseo y la quiero.
    No, nada de su cuerpo es importante, sólo importa su mente, dijo otra.
     No, su cuerpo es importante. Pero su alma también es importante. Es más importante.
    No, lo más importante es esto: La quiero.
     
    ¿A quién intentaba engañar? Le interesaba todo.
    Una compañera era todo lo que le ocupaba en la vida, todo lo que necesitaba. Sin ella, no se sentía completo, no se sentía capaz de seguir sin esa parte fundamental que le faltaba, esa pieza metafísica del reloj imposible del corazón.
    Una compañera era todo lo que deseaba. Pero él no era Adán, que, bien pensado, no la quiso hasta que la tuvo y al final resultó que no le quería tanto; él no tenía a un Dios creador para darle una compañera.
    ¿Qué es lo más importante en una pareja? La heterosexualidad condiciona muchas cosas. Entre ellas, el que la pareja fuera una mujer. El subconsciente condiciona cientos de otras cosas. Pero la modulación final, el deseo, el factor crucial en una atracción sexual, lo daba el cuerpo... en conjunción con el magistral mecanismo que era la carne.
    Ah, pero el amor... ¿qué era el amor? ¿Juegos de química? ¿Cuestión de espíritu? ¿Cosa de Dios?
    ¿Qué es el amor? ¿Qué es ese delicioso vaso de hiel que nos tiende la vida cuando nos sentimos solos y desdichados, que nos hace evaporarnos en el placer de la dicha infinita y caer de nuevo a un mundo plúmbeo de oscuridad y pesadez, lleno de desazón y rabia? ¿Qué es el amor?
    Ni siquiera los poetas pueden expicarlo, más que por aproximación y siempre desde su punto de vista. ¿Qué es el amor? ¿Qué significa? ¿Qué debemos hacer con él?
    La elección más obvia es satisfacerlo, pero ¿qué satisfacción cabe en el momento crítico del final, cuando todo ha terminado? Cuando sientes sus pasos, alejándola de ti y pensando: "no, esas golondrinas no volverán". Cuando oyes la puerta y piensas: "no, no volverán", y pides un castigo lo bastante justo por ser lo bastante estúpido para haber preferido dejarla marchar. Pero tampoco tienes un Dios que haga eso.
    ¿Qué es lo más importante en una pareja? Para empezar, ser pareja. Y una pareja no es pareja sin sus dos integrantes. Mujer y hombre, hombre y mujer... no se puede amar estando solo, aunque se ansiara, aunque se necesitara como el aire que exigimos trece veces por minuto... "estamos tocando el fondo". Qué sabios son los poetas.
    Qué lamentable, qué penoso y abyecto es el destino de los que se creen en posesión de la verdad. En estos temas es cuando vemos que el mundo es demasiado complicado para entenderlo. Por desgracia para todos los que prefieren una vida sencilla, debo decir.
    Pero yo no quiero una vida sencilla. No la quiero. Y no la necesito. No la deseo. Y no la tendré. Aunque algo de satisfacción de vez en cuando no me vendría mal.
     
     
    Últimamente me estoy fallando a mi mismo. Muy reiteradamente y muy desazonadamente.
    Quien quiera puede decir lo que quiera. Pero, ¿amar? Oh, sí, qué placer, qué dulce veneno, etcétera, etcétera... Ahora bien, eso lo podrán decir quienes amen de verdad. Es ridículo intentar comprender a la mayoría de la gente que ama cuando tú no has amado; y, cuando has amado, y te das cuenta que hay ciertas cosas a las que nunca serás capaz de llegar, ni sólo ni en compañía, te preguntas el por qué del mundo, y, decidiendo que, en realidad, nunca ha sido importante, te resulta evidente que la vida es demasiado valiosa para desperdiciarla, que es lo que tú ya has hecho.
    Me estoy fallando a mi mismo y a los que depositan su fe y su confianza en mi. Los que me animan a seguir adelante. Sé que no puedo hacer más, y tal vez sea ese el problema; que debería hacer menos, pero hacer menos implica fallar a los demás. Y pensar de un modo egoísta no está a mi alcance ahora mismo. O tal vez lo esté haciendo de manera constante y pensar de otro modo es imposible para mi.
    ¿Y el amor? Bien. Por qué molestarse.
    Otros sabrán amar.
     
     
    No sé por qué he escrito esto. Lo he escrito un día diecisiete de junio de 2007, y lo he terminado de escribir en torno a las once y cuarto de la mañana. Pero no sé (tal vez nunca lo sepa) por qué lo he escrito. Yo no he nacido para nada en concreto, lo sé. Pero conforme vivo mi vida e intento sentirme satisfecho con ella, me doy cuenta de que, en realidad, en diecinueve años, no he hecho ni una cosa ni otra.
    Ahora mismo, mi vida se está desmoronando. No sé ni por dónde me vienen los palos, no comprendo qué hago mal y no quiero saberlo. Sólo quiero que termine cuanto antes para poder recoger los pedazos y quemarlos. Tal vez eso me deje un vacío suficiente dentro para poder empezar una nueva vida.
    Soy un pusilánime. Es algo que ya he dicho más de una vez. Soy un desgraciado, en todos los sentidos de la palabra, los connotativos inclusive. Y me estoy haciendo... ¿viejo?
    No es que tenga arrugas, pero ya tengo marcadas las señas de un envejecimiento prematuro. Siempre he sido un cínico, lo sé. Pero tiendo a pensar cada vez más y más en finales y menos y menos en ilusiones. Ya no me interesa mi mañana; apenas puedo llegar a preocuparme por hoy. No sé lo que me pasa. No sé qué soy, ni por qué estoy fallando. Pero no puedo ser más eficaz, y, con el tiempo, el capataz decidirá que la máquina era defectuosa y la mandará al desguace.
    No sé por qué he escrito esto. Sólo sé por qué le he dado ese título. Diecinueve.
    No es algo maravilloso. No es algo de lo que esté orgulloso. Sólo es un hecho. Estoy más cerca de la muerte, y eso no cambia nada.
    No, realmente no cambia nada, no cuando vives enterrado.
    No cuando sabes que nadie te amará nunca.
     
     
     
     
    May 04

    Fabricate diem...

     
    Y sube el Sol.
    De nuevo.

    ¿Cómo no iba a hacerlo?
    ¿Cómo no iba a poderlo?
     
    Y, en medio del infinito,
    se alza la luminosa estela
    de mundos y sueños que brilla
    por encima de la tumba del mundo.
     
    Y brilla.
     
    Y, en un cielo florido de rojo,
    y coronado de blanco,
    y dorado de oro,
    y enmarcado en azules
    suenan las trompetas impúberes del nuevo día.
     
    El día, que se presenta brillante
    y puede terminar siendo oscuro;
    esa es parte de su grandeza.
     
    La mañana, que se presenta latente,
    como una mariposa aletargada como
    crisálida gris, para volverse luz.
     
    El día, vigía, centinela impactante
    del despertar y de la niebla
    y del rocío recién nacido;
    brilla con luz de futuro,
    centellea, nuevo, puro.
     
    Es tu hora. ¡Di!
     
    ¿Qué será Hoy?
    ¿Qué será para ti este día?
    ¡Hazlo!
               ¡Moldéalo
    con la esencia misma de la vida!
    ¡Amásalo, dale forma,
                                    moldéalo
    con tus actos y tus ideas!
     
    Día a día se hacen las vidas.

    Piensa que la tuya nace ahora;
    con el Sol. Con este nuevo Sol.
     
     
    April 23

    Quien a plomo mata...

     
     
    [A partir del próximo corchete, es puro sarcasmo. Quienes no puedan soportar que mi humor agrio se les contagie, hablando de algo tan grave como los asesinatos de treinta y un estudiantes de la Universidad Técnica de Virginia, que sepan que estoy desfogando mi rabia contra la estupidez humana, que da armas a los que ha vuelto locos a base de putearlos con sociopatías o a los que prefieren el petróleo a las vidas humanas. Pero que sepan también que expreso mi repulsa personal. Contra ambas cosas, y contra el mundo que permite esto. Pero supongo que no servirá de mucho; aún y así, espero que sigáis leyendo sólo si estáis de acuerdo con lo horrible de las armas y las guerras inútiles. Gracias por vuestra atención. Y un saludo.    Alanthos.] 
    [PD: Y a los gili------ de la NBC y los demás circos de los horrores de los medios de comunicación, les pueden ir dando de mi parte.]
     
     
    ... creía que el mundo no podría haberse vuelto más loco solo, que necesitaríamos alguna nueva locura, algo más senil todavía de lo que ya hemos visto, pero parece que las cosas obvias son las que menos gente comprende en los Estados Unidos de América.
     
    Supongo que el bombardeo mediático (cliché de mierda...) que ha estado saturando nuestras pantallas recientemente ya os ha afectado a vosotros también. Virginia. Obviamente, también os habréis enterado de las mil y un disculpas del presidente Bush y su administración por su completa falta de responsabilidad en la ley de control de armas, que se reformará en breve, sin contar con el vergonzoso silencio de la Organización de Amigos del Rifle, ¿eh?
    No me extraña que no lo hayáis oido. No lo han hecho.
    Ni se arrepienten ni lo pretenden. Siguen viviendo en el país de colonos duros y fogueados en mil y un escaramuzas con los indios y osos grizzlies. Siguen en un mundo de sheriffs y vaqueros, jinetes solitarios de los campos y los desiertos y las claras notas de la carga del Séptimo de Caballería. Siguen viviendo en un mundo con bandidos y asesinos malos, malos, con pólvora apestando en cada rincón del saloon, cuando no se inunda el ambiente de sangre del tramposo al que se le ha caído un as de la manga izquierda.
     
    Pero ahora las cosas son un poco diferentes. Ahora, los revólveres Colt de seis balas y los rifles Winchester ya no son armas lentas (casi artesanales, que dijo alguno de esos nostálgicos del Far West) sino verdaderas cascadas de plomo, capaces de trocear a un hombre a base de aguijonear su cuerpo con proyectiles impresionante rápidos, increíblemente precisos, infernalmente letales. Ahora, los sheriffs llevan pistola, sí, pero no pueden con los bandidos y los asesinos porque estos llevan UZIs, AKs y pistolas ilegales con cargadores extendidos. Ahora, Billy el Rápido puede matar a todo el que quiera si consigue llegar a un supermercado con el dinero suficiente, eso sí. Ahora, Toro Sentado y Búfalo Loco están asustados frente a terroristas árabes malos, malos que se alimentan del miedo y la pobreza que suscita y fomenta la nación Más Poderosa Del Mundo, y para combatirlos el Séptimo ha dejado los caballos y los rifles y ha comprado una flota de destructores con misiles Tomahawk..
    Decimos, el Gigante de los Pies de Barro. Decimos, Todos los Imperios Caen. Decimos, ¿se Darán Cuenta Algún Jodido Día de que Están Cometiendo un Error?
     
    Bueno, podéis creer que estoy mezclando churras con merinas; no, no lo hago...
     
     
     
    Veréis, lo de las armas y los americanos es duro. Son los mayores productores y consumidores de armas del mundo, y tienen balas más que suficiente para matarnos a todos (y cuando digo a todos es a toda la Humanidad) unas cuantas veces. Tienen un arsenal de armamento militar (no cuento con el atómico) que quita el hipo.
    Y el gasto en Defensa aumenta año a año. ¿Por qué?
    En la calle, el norteamericano de a pie se siente más seguro cuando lleva un arma. ¿Quién sabe qué clase de depravado puede hacerte qué clase de horrible daño mientras paseas por una calle llena de gente? Florida es un estado peligroso, así que puedes llevar un arma a la vista, arma que grita hasta desgañitarse "Va armado, sabe usarme y, por Dios, le dais miedo, pero no le da miedo usarme".
     
    Y el gasto medio del norteamericano de a pie en armas sigue creciendo. ¿Por qué?
     
    En ambos casos, la respuesta la acabo de formular: por miedo. Un terror indescriptible, a veces inefable, a que te pase algo. Un miedo indescifrable, casi atávico, a que un hombre se te cruce por la calle y te pegue un tiro, a que un hombre con turbante aparezca gritando y te pegue un tiro, a que un loco con dos pistolas aparezca por la puerta y te pegue varios tiros. Miedos que, dicho sea de paso, no están del todo carentes de justificación, desde luego...
     
    ¿No os parece la pescadilla que se muerde la cola? Quiero decir, si te compras una pistola es porque tienes que defenderte. Cuando tienes que defenderte, es porque los demás pueden tener algo que tú no tienes, sea valor, temeridad, carencia total y absoluta de materia gris en el sistema nervioso central o una pistola, por poner algún ejemplo. Así que vamos a preguntar a los que tienen una pistola: "¿por qué tiene una pistola en casa?" "Joder, pues... porque quiero poder defenderme si entra un tío peligroso,lleve turbante o no, esté loco o no, sea un peligro para todos o no, con otra pistola por la puerta y me pega un tiro." La gente tiene miedo de la gente. No voy a negar que llevan razón.
     
    ¿Que por qué no lo niego? Hombre, vamos a ver... Si le damos armas a la población de un país y les decimos: "no las empleéis salvo en casos en que podáis justificar la legítima defensa", ¿cuántos casos de "legítima defensa" creéis que se darán en medio del baño de sangre subsiguiente?
    Alguien dijo una vez: a los españoles se nos dirige por la culpa del mismo modo en que a los americanos se les dirige por el miedo. Y también llevaba razón. Si dicen: "Marty Farrscape, Nevada, es un militante del Partido Comunista de las Vegas que se ha encerrado en un ático de su casa y ha empezado a pegar tiros a todo el mundo con su rifle de caza, empezando por su vecino, que le había robado su mujer, su trabajo y su cortadora de césped, por este orden," en la Fox, por poner otro ejemplo, el país entero sufrirá una oleada de desconfianza hacia los comunistas (quiero decir, otra oleada más hacia los comunistas), los propietarios de una casa con ático y los Marty que hayan nacido en Nevada, en lugar de sentir preocupación social por el HECHO de que MARTY FARRSCAPE tuviera un RIFLE DE CAZA y el valor, la temeridad o la falta de cerebro necesarios para MATAR a alguien por lo antedicho. En otras palabras: que sí, que a los americanos se les dirige mediante el miedo, pero como no son muy listos, se les puede dirigir mediante, por poner otro ejemplo más, el miedo en combinación con la Fox. O la NBC, da igual.
    Y, para rematarlo, como los americanos son tan genialmente disciplinados y tan patriotas, todos ellos saben que lo que su ejército hace es por el Bien de la Motherland o Homeland (literalmente, Madre Patria; ¿alguien más ve la similitud con la odiada "Madre Rusia"?), y no por miedo, miedo a que aparezcan veinte aviones secuestrados y pilotados por hombres desesperados por alzarse con la puntuación más alta en el Ranking de Santos Mártires de MataamericanosquelopideBinLaden.com para llegar al Paraíso de Alá en diferentes capitales de la nación Más Poderosa del Mundo y maten a miles de personas. Es el miedo (combinado con una serie de comedidos pros y contras cuidadosamente sopesados por una docena o así de hombres muy, muy ricos) el que, en lugar de eliminar cuidadosamente el problema atacando con precisión, convierte apresuradamente las armas en látigos y puños carentes de precisión que se dedican a causar someros daños colaterales a los vecinos de los terroristas. De paso, agregando unos cuantos terrenos sumamente ricos en petróleo al haber de las empresas de la Motherland, debería añadir.
    Los americanos tienen miedo. Miedo. Terror, temor, pavor, canguelo, cague, suspense, miedo.
     
    Miedo.
     
    Se puede decir más alto, pero no veo forma de decirlo más claro.
     
    Su gobierno tiene miedo a perder su posición de nación Más Poderosa del Mundo.
     
    Sus empresarios y corporaciones tienen miedo a perder sus filiales, dinero y posición de pujanza comercial.
     
    Sus ciudadanos de a pie, los norteamericanos de a pie, tienen miedo de perder su vida. Y tienen miedo de perder su vida porque todo el mundo lleva armas. Pero llevan armas porque tienen miedo de perder su vida, y ¿por qué?
     
    Porque todo el mundo lleva armas, porque tienen miedo a perder su vida, porque los demás llevan armas, porque tienen...
     
     
     
    ¿No sería una buena idea dejar de fabricar y vender armas en las grandes superficies para la población civil?
     
    Bueno, tal vez sí, tal vez no. Si esto lo propusiera en EEUU, me echarían a los perros por pacifista o por seguidor de Michael Moore. Pero de lo que sí estoy seguro es que no puede hacer daño que los americanos empleen alguna clase de legislación seria para reducir la capacidad de compra de armamento del norteamericano de a pie. Esperemos que la Asociación Nacional de Amigos del Rifle no se agite tanto como otras veces (veo a Heston, Charlton Heston, con un rifle en una mano tras la matanza de Columbine, rugiendo "¡Me lo quitaréis muerto!"), que los fabricantes de armas se preocupen y se vayan, nerviosos, a sus cuentas (veo a los traficantes de armas de los que los mismos terroristas que tanto asustan al nortamericano medio llamado George Bush se nutren para llevar a buen término sus rabiosos planes), y que los políticos de la nación Más Poderosa del Mundo no se molesten, sobre todo los que también se encuentran en los dos grupos de presión anteriores... para lo cual debemos retirarnos hasta la ya lejana Era Clinton, en la que había menos guerras y más Lewinskys.
     
    ...
    Bueno, por lo menos daba más risa que ahora. Creo yo, vaya.
     
     
     
    Desde luego, tienen miedo. Pero, por lo que se ve, sarna con gusto no pica, y les encantan las matanzas.
    Así que así están, pensando en cómo solucionar el problema con forma de pistola, avión suicida o bomba atómica que se cierne (que se lleva cerniendo mucho tiempo) sobre la Tierra Natal, sobre la Madre Patria (Homeland). Y se preguntarán por qué, qué han hecho ellos para merecer esto.
    Bueno, la verdad es que es muy descorazonador. Muy descorazonador, porque no saben ver que, al menos en gran medida, tanto si la terminan de diñar como si la acaban arreglando, la que les está cayendo es culpa suya.
    Han cogido a una pandilla de locos y a toda la gente normal de los cincuenta estados de los USA y les han dado armas. Les han dado lo que todos los locos y los locos que aparecerán cuando tengan miedo porque los primeros locos se hayan puesto a dispararles quieren: un arma, una plaza y un buen montón de blancos en movimiento.
    A lo cual se suma la influencia de toda esa violencia de los videojuegos, las guerras en cada telediario y los programas tipo Operación Triunfo ("¿que no me cogen, a mi, que soy el mejor cantante de mi curso? Me voy a comprar una pistola en el mercado de la esquina y se van a cagar...").
    Estoy seguro de que no me entenderían ni aunque se lo explicara, porque los estadounidenses aman a sus armas y las veneran. No sé si se trata de un problema de hombría insuficiente de sus varones, como diría Freud, pero en fin... Hillary Clinton es una destacada partidaria de la gue... ehem... "intervención" de Iraq. Así que, bueno, no sé si se limita a los varones. En todo caso, salvo un grupo desgraciadamente reducido de personas, todos los ciudadanos de la nación Más Poderosa del Mundo están inmersos en el bucle cerrado de "quien a hierro mata...", convirtiéndose en la primera nación del mundo que, siendo patriótica que no veas, mata a treinta mil de sus compatriotas cada año en suelo nacional por herida de arma de fuego.
    Supongo que si les quitamos las armas de fuego, los armeros venderán motosierras, cuchillas tipo Freddy Kruger y cadenas con bolas de pinchos al final.
    Ahora, volviendo a lo de Virginia, y para justificar buena parte de los puntos que se parezcan más a las reflexiones demagógicas de Michael Moore, sólo quiero mencionar el hecho de que hay quejas entre estudiantes y miembros de varias organizaciones independientes que piden y exigen que a los estudiantes se les permita "defenderse" en los campus universitarios... llevando armas.
    ¿Que si esto es broma? Adivinen.
     
     
     
    March 30

    Psicosmología de la mente humana y otras coserías

    Estoy cansado.
     
    Estoy cansado de esta mierda de vida. Estoy cansado de experimentar las sensaciones que puedan proporcionarme los ilimitados recursos que puede dar mi cuarto en las fracciones casi atemporales que puedo arrancar a mis por demás magros horarios de estudio. No creo conocer a nadie que no sean mis amigos de siempre, y, si conozco a alguien más, dudo que este... o esta, me conozca a mi.

    Me siento aplastado por las circunstancias, arrollado, atropellado, sobrepasado, deseando que mi vida termine o, al menos, cambie. Estoy dispuesto a recibir el cambio. Pero, por un motivo u otro, de lo que no soy capaz es de cambiar yo.

    No soy capaz, tal vez por mi naturaleza cobarde. Que nadie diga que hace falta valor para enfrentarse a los problemas de uno, lo sé. Que nadie proponga sus experiencias como fuente infalible de soluciones, no es una serie de recuerdos que podrían compilarse en una lacrimógena novela gráfica lo que quiero. Por una vez, seré exigente.

    Sólo quiero el valor, un valor que nadie me puede dar, porque debería ser mío, para enfrentarme a mis problemas y decidir mi suerte...
     

     
    El universo es algo increíble.

    Es extenso, en esencia esa es su propiedad más notable e inalcanzable en su esencia y en su realidad; es tan difícil abarcar el concepto de espacio, y tan difícil abarcar su significado real, su traducción desde el concepto a la verdad no hablada... Es tan difícil comprender hasta qué punto es difícil buscarse la vida cuando se es un punto en el universo. Pero se puede ver la vida propia desde un punto de vista cosmológico. Y veamos a qué me refiero.

    Todo lo que comienza, tiene un final. La Tierra tendrá un final. El Sol y las estrellas tendrán un final.
     
    Eventualmente, incluso la política tendrá un final, pero nadie ha demostrado que las partículas fundamentales del universo recién nacido no se organizaran en comités para discutir quién era el responsable de todo aquel jaleo y cuál era el motivo de que no se pusiera un poco de orden. Pero, en esencia, y dejado de un lado el caso de la administración burocrático-partidista del Estado de Derecho del Omniverso, todo lo que tiene un principio, ha de tener un final.

    Hasta la vida. Sobre todo la vida. Es su propiedad más notable e inalcanzable en su esencia y en su realidad; por eso podría decirse que no es muy difícil entenderla, ya que casi todos tenemos asumido que hemos de morir algún día. Sí, la gente muere. La gente se mata casi todos los días, y de vez en cuando contemplamos algún suicidio y algunas muertes por negligencia y por homicidio imprudente o involuntario; depende de cómo se miren, esos términos podrían tener limitaciones algo ambiguas...

    Pero la vida no es tan sencilla. Comienza, sí. Termina, sí. Pero es lo que ocurre en el intervalo lo que no interesa a la gente, pobrecillos, temerosos del comienzo y del final de un ciclo que, por lo demás, no les llama la atención, cuando es lo que queda en medio de tan funesto o doloroso tránsito (hacia fuera o hacia adentro de la vida) lo que debería interesarles.

    Podríamos decir que el universo es una gran versión de un ser humano sometido a tensión. Y me explicaré. Tiene un nacimiento y unos primeros años difíciles, y cuando parece que todo va a salir bien, la gravedad y las demás Fuerzas Fundamentales empiezan a hacer de las suyas, y entonces revelan la inmensidad de un problema irresoluble, y es que el universo se ha de terminar algún día, y que depende de él el final. No es que esté enteramente en sus manos, claro; la densidad de la materia del universo y la proporción de materia y energía oscuras con respecto de la total, sin contar con la velocidad de expansión del universo en sí, están prácticamente tomando la decisión por él.

    ¿Qué puede acabar pasándole al universo? Bueno, pues básicamente pueden pasar tres cosas:

    El Big Crunch, más popular y modestamente conocido en castellano como "la Gran Implosión", es el negativo destructor del Big Bang, "la Gran Explosión". Aunque este es, en realidad, el único método en el cual el universo tal vez podría renacer, si es que algo parecido es posible, también es el más espectacular y el que más presupuesto para efectos especiales requeriría. Depende fundamentalmente de la gravedad en comparación con la velocidad (o, mejor dicho, la aceleración) que lleva toda la materia del universo en su inercia nacida del Big Bang, en el cual todo era muy confuso pero todo el mundo estaba de acuerdo en salir corriendo en distancias completamente distintas. Sólo será posible este final (siempre que el Universo quiera, claro) si la fuerza de gravedad termina imponiéndose frente a esa inercia, lo que termina por dejar todo este lío en algo muy simple y casi adimensional, o sea, un "huevo cósmico" del que podría, oh maravilla, surgir otro nuevo universo.
    Para entendernos; en mi caso, sería como si, después de una vida de mierda, me hundiera definitivamente sobre mi mismo, y, en medio de sollozos, fuera incapaz de sobreponer mi rabia a mi tristeza y depresión y terminara redondo en el suelo, convertido en un guiñapo de ser humano. ¿A que es diver?

    Lamento desilusionaros, creyentes del universo cíclico, pero se dice que esta solución no es probable, ya que la aceleración de la materia del universo es positiva, no negativa. Es decir, que pese a que ahora todo está mucho más organizado (y, por ello, es infinitamente más complicado), el Universo sigue estando de acuerdo en alejarse del punto de partida. Qué bien, ¿eh?

    El Big Rip, que en mi pueblo llaman Gran Desgarramiento, es la teoría que, en estos momentos se acepta como la más plausible, ya que incluye la condición sine qua non (y siempre que al universo le venga en gana, claro) que la anterior establecía como condicionante negador, es decir, como elemento que hace imposible el Big Crunch; el Big Rip es básicamente la desaparición del universo a causa del susodicho convenio de "corre, Forest, corre" al que llegaron las partículas fundamentales de la existencia al principio de los tiempos. Pero, en última instancia, la cosa depende de la energía oscura; si el universo contiene la suficiente energía oscura (sí, sí, el lado oscuro, la rabia contenida, la furia, el miedo, la ira, todo eso de la oscuridad y el mal rollito de canchimpalos, lo que queráis), todo esto terminará en un enorme desgarramiento de toda la materia, y de ahí el nombre, en el que hasta los átomos dejarán de organizarse en núcleo y corteza. De aquí no sale huevo cósmico que valga, más que otra cosa porque a ningún polluelo del universo le gustaría renacer con la apariencia de un, digamos, jirón de nubes, ¿eh?

    Si pudiera aplicarse a mi, consideremos que el Gran Desgarramiento se alimenta de la energía del lado oscuro (bromitas aparte, gracias, va en serio...); pues pongamos que la situación iría conteniéndose hasta que mi equivalente de la gravedad, que es un superego del tamaño de una ciudad pequeña, no pudiera sobreponerse a la rabia contenida durante dieciocho años de vida, momento en el cual no sería responsable de nada de lo que hiciera porque ya no sería plenamente yo. La muerte de la mente y todo eso. Bueno.

    Como parece que, por lo dicho antes, esta parece la más probable, tengo que decir que el caso de la transición de universo a sujeto humano no es tan concluyente. Puedo terminar así, o de otra manera, pero muchos tíos con bata y cara seria dicen que la cosa acabará de esta manera, y con la cosa quiero decir Todo, con Mayúscula y dos oes bien redonditas sólo separadas por una señora d, con lo que tendremos que hacer caso, ¿no? (risa apagada y sarcástica).

    Y la otra opción es el Big Freeze o Heat Death; sí, amigos bilingües, parece ser que son dos posibles alternativas de la misma posibilidad: el universo muere en una Gran Congelación o sufre una Muerte Caliente (claro está, si al universo le sale de los mismísimos). No obstante, viene a ser lo mismo; consiste en una homogeneización total de la entropía del universo, que ya sabemos que tiende a aumentar, así que el Big Freeze consistiría en la idea de que la entropía, combinada con la velocidad normal de expansión del universo, acabaría descomponiéndolo de modo similar al Big Rip, mientras que la Heat Death consiste en un escenario en el que el universo pierde todo orden posible y sus componentes se disgregan completamente y de modo absolutamente homogéneo hasta sus partículas más ínfimas e insignificantes, quedando todo lo que conocemos reducido a una especie de protoplasma ni caliente ni frío, ni de materia ni de energía, ni fu ni fá, ni chicha ni limoná, ni calvo ni con dos pelucas, ni Rajoy ni Zapatero, en definitiva, una completa monotonía llena de indecisión muy confusa y un tanto pasotera (que es lo que me empieza a parecer la política nacional, evidentemente).

    En realidad, dentro de este grupo cabría destacar, por su similitud con el modelo humano, o sea, yo, el Big Chill, el No Espacio, No Tiempo y demás teorías interesantes para las cuales no tenemos tiempo ni ustedes ni yo, así que abreviaremos. Como se imaginarán, esta teoría ya incluye en su versión cosmológica "monotonía" e "indecisión"; si no me decido pronto por ninguna de las anteriores, es probable que pierda los ánimos de luchar por mi vida y decida que no merece la pena seguir jodiendo a los demás con mis problemas, apechugar con lo que hay, cargar con ellos y callar a lo mulo de carga, que para eso lo hace todo hijo de vecino con sus propios problemas.

    ...
     
    Como esta solución parece ser más de fantasía que de ciencia ficción (no hablemos ya de especulación científica), será mejor que la dejemos estar.
     

     
    Y, tras esta somera reflexión, ¿qué puedo concluir?

    ¿Qué sacar en claro? ¿Me derrumbo, exploto o me resigno? Cada posibilidad tiene sus más y sus menos, desde luego, que consisten fundamentalmente en que sus consecuencias, más de una que de los otras dos, son imprevisibles. No obstante, al contrario que el universo, tengo, o eso creo, elección. Al menos, mientras mis propias Fuerzas Fundamentales no crezcan más allá de mi control y pierda el núcleo, la esencia de mi ser, que es la que me permite razonar y ser libre escogiendo mi forma de terminar.

    Por desgracia, esto no es lo que me habría gustado. Hubiera preferido hallar un modo en que vivir, no escoger un modo en que morir. ¿Por qué en todas las películas de nobleza e idealismo se da más importancia a lo segundo que a lo primero? Veo más lógico preocuparse por la vida, en lugar de por la muerte. Supongo que sigue siendo la amante más cortejada (y puntual) de la historia de la vida, pero qué se le va a hacer. La más pródiga para el pobre. La mejor sanadora del moribundo. La mayor amiga del desdichado.

    Aunque tal vez todos esos personajes lo estuvieran pasando como yo. No lo sé. Sólo sé lo que yo sé, y es por ello por lo que no quiero nada más que una decisión. La decisión es mía. El problema también.

    Pero tenía que decirlo. Antes de que cometa una tontería. Pero, en realidad, ya que llevo toda mi vida cometiendo la misma e indecible tontería, creo que seguirle el juego algún tiempo más (tanto como permitan las leyes del corazón, la razón y el yo "salvaje", que, bueno, siguen siendo jodidamente complicadas cuando están juntas, y son descorazonadoras, irracionales y tendentes a formar comités de lo cabronas que son) a esta gran puta y compañera de viaje que tan pocas alegrías de verdad me trae y tantas cuestiones por resolver me devuelve.

    Qué difícil es decidir por uno mismo, y qué fácil parece decidir por los demás... hasta que lo intentas de corazón y ves que no puedes escoger por los demás porque no eres ellos.

    No estoy preparado. No, no estoy preparado. Sigo siendo un cobarde.

    Pero debo prepararme; o de lo contrario, en lugar escoger yo mi final, mi final me escogerá a mi.
     
     

      Gracias a Wikipedia, que ha hecho posible este artículo; a mis amigos, que han hecho posible este espacio, una loca esperanza en un mar de recia desesperanza, y todo el resto de mi verdadera vida; y a todos los demás personajes que tienen un papel en ella, aunque esos papeles no son ni de buenos ni de malos.
     
    Todavía no tengo claro ni siquiera cuál es el mío...
     
     
    March 09

    Pretextos

     
    Segnon Silk tomó su parte y se limitó a seguir con lo suyo.
     
    Siempre era igual. Alguien encargaba un trabajo, Segnon Silk respondía al encargo y cobraba. Simple.
     
    Segnon Silk era muy bueno en su trabajo. Tenía una fama que mantener. En los bajos fondos nadie se lo reprochaba, si sabía lo que le convenía.
     
    Segnon Silk vivía en un octagésimo cuarto piso del Marauder Building, un edificio neoyorquino de la mejor fama de Manhattan. Sin duda, Mr. Silk sabía de sobras que, en el mismo edificio en el que él vivía, residían quince funcionarios de seguridad con sus respectivas familias, funcionarios de cierto nivel. También era consciente de que, en su propio piso (en el lado Sur) vivía un ex gobernador federal y una artista muy controvertida, muy famosa y muy rica. Realmente, sabía quién vivía en aquel edificio. Él también era un artista, controvertido no, pero de éxito en todo caso.
     
    Segnon Silk, con su acostumbrado maletín y su rostro de cuarentón imponente, se subió al ascensor tras saludar afablemente al recepcionista y al portero automático. El señor Silk era un miembro respetado y productivo de la sociedad. No había motivo por el cual no se le dispensara el mismo trato que al resto de los inquilinos.
     
    Las puertas de bordes redondeados y tonos blancos se cerraron.
     
    Segnon Silk sacó su agenda electrónica, de manera que la cámara de seguridad de la Hegemonía fuera incapaz de ver lo que estaba haciendo; sabía que estaban al corriente de sus actividades de todos modos, pero le gustaba crear una cierta sensación de intimidad. Mientras pasaba las páginas de encargos cumplidos, sonreía. Un día productivo.
     
    También revisó los avisos de la noche. Se le presentaba interesante.
     
    Él era un artista muy ocupado. De éxito. Sus encargos eran cada día más abudantes.
     
    Al llegar al decente piso ochenta y cuatro, paseó con calma por el vestíbulo de colores blancos y marfileños, tapizado en un tono granate, con un aspecto acogedor y bonitas plantas cultivadas de jardín por un anciano jardinero urbano retirado del piso setenta y tres, de origen hispano, un tal "don Matías". Segnon Silk observó con rostro alegre las carreras de un par de diablillos del piso, que jugaban a policías y ladrones; los padres, un par de pedagogos de fama mundial, no creían en los ordenadores como método único de distracción, decían que reducía a los niños a autómatas. A los ojos de Segnon Silk, eso les convertía en gente con cerebro. Le gustaba la gente con cerebro, era más interesante que la descerebrada.
     
    La luz, modulada según los gustos de la comunidad de vecinos del piso, se regulaba cada diez horas. Como fuera era media mañana, aunque una media mañana lluviosa y fría de otoño, las luces de los pasillos estaban reguladas para ser suaves, de un tono blanco amarillento. El ambiente pacífico del interior de la pequeña aldea tecnológica del piso octagésimo cuarto contrastaba profundamente con los ventanales por los que se podía ver el terrible aspecto de una ciudad extremadamente corroída por años de lluvia ácida y muy desagastada a causa de la erosión causada por los vientos desde el desierto contaminado del oeste. Algunos torreones de los niveles de la subciudad, apenas visibles desde las magníficas torres de Manhattan Sur, aparecían semiderruidos al pie de la verdadera ciudad. Aún y así, el interior de los edificios era el hábitat perfecto para el ser humano tecnológico, lo cual era toda una ventaja.
     
    Verdaderamente, no había sensación más agradable que la de sentirse en casa.
     
    Con paso calmo, dio un par de vueltas por el edificio cilíndrico, se detuvo un par de veces ante los ventanales por el mero placer de hacerlo y se encontró y charló animadamente de trivialidades con unos cuantos hombres con los que se cruzó. Incluso saludó con unas palmaditas en la cabeza a una adolescente apocada, hija de una pareja inofensiva de paleozoólogos de una empresa farmacéutica, que se le cruzó por el camino.
     
    Segnon Silk se decidió por fin a abandonar su vagabundeo despreocupado y se decidió a volver a su apartamento, un dúplex razonablemente lujoso que conectaba con el piso de arriba (teóricamente, empleado para tareas de mantenimiento de su material), y que había sido generosamente comprado por el señor Silk.
     
    Tras introducir la ciberllave, una varilla gruesa de base triangular llena de circuitos y mecanismos de identificación única, Segnon Silk abrió la puerta de su piso y, con una sonrisa aflorando a los labios, vio que estaba hecho un desastre.
     
    Docenas de papeles estaban esparcidos por los suelos. Varios discos y disquettes estaban totalmente diseminados al azar por el suelo. La fuente de cascada perpetua seguía manando agua, en apariencia incólume a la debacle que había derrumbado los muebles y había destrozado las ventanas, arruinando los tapices y los carísimos cuadros que adornaban la habitación. Segnon Silk cerró la puerta cuidadosamente y sonrió.
     
    -Cariño, ya estoy en casa -dijo, con sorna. Vivía solo. Pero no aquel día; aquel día un gatito se le había colado en casa.
    Observó las estatuas echas pedazos en el suelo, los cuadros rasgados para buscar... para buscar ¿qué?
    No debían haberlo encontrado aún. Les había dado bastante tiempo, paseando por ahí. A partir de aquel momento tendría que desconfiar del equipo de seguridad y de empleados del edificio. Sabía que estaban dentro desde que se había subido al ascensor, gracias a que los equipos de autovigilancia de su vivienda les habían captado. Por supuesto, el intruso no sabía nada de los sistemas de vigilancia. Aficionados.
     
    Con las manos indolentemente cruzadas a la espalda, Segnon Silk se paseó por las habitaciones arrasadas de su vivienda. Ya podía intentar salir el imbécil que hubiera entrado. La puerta estaba sellada para que nadie pudiera atravesarla sin su permiso expreso si él estaba dentro o tenía la orden de hacerlo. Siempre dejaba la puerta con los sistemas de seguridad apagados, por si acaso algún agente de cualquier entidad con malas intenciones hacia él se personaba en su vivienda. Entraba por su propia cuenta y riesgo, y basta.
     
    En todo caso, estaban en su piso. Y él también. Abrió su maletín.
     
    Sacó la pistola haulter del doble fondo forrado en criptona y le introdujo un cargador de agujas. Quitó el seguro.
    Fueran quienes fueran, iban a ser víctimas de su arte.
     

    Caminando con más sigilo del que se hubiera creído capaz, la agente Zahn recorrió el pasillo que le separaba de la habitación que le quedaba por registrar. Un servopestillo en su lateral y dos cámaras de vigilancia en los laterales. No podía librarse de la sensación de que algo iba mal, aquello era demasiado fácil...
     
    Tomando un par de anuladores electrónicos de su cinturón, sacó su lanzador y lo cargó con dos dardos vacíos. Inmediatamente después, insertó en cada dardo una placa de anulación y, casi sin apuntar, disparó a las cámaras en menos de un segundo, para evitar ser grabada con claridad. Los circuitos de ambas quedaron anulados al instante.
     
    Zahn, desconfiada, hizo un último registro del pasillo con la fibra óptica de barrido y, sorprendida, tuvo que rendirse a la evidencia. Fuera quien fuera, había ocultado realmente bien las trampas y las cámaras, porque tenía que haberlas. Era imposible que quien estuviera guardando la codificación fuera lo bastante confiado, estúpido u orgulloso como para no protegerse de una investigación inevitable. La Hegemonía siempre sabía.
     
    Le empezaba a asustar que el centro de mando le hubiera echado el ojo y la consideraran un peligro, que la hubieran enviado a una misión imposible con menos datos e incluso con una carta de eliminación para un vaporizador experimentado. Le empezaba a asustar que los psicotécnicos de la Hegemonía supieran...
     
    No, no lo podían saber, era demasiado pronto. Él le habría advertido de cuál era el problema.
     
    Revisó otra vez el pasillo y tuvo que levantarse y continuar, antes de que los expertos de Seguimiento comenzaran a preguntarse qué narices ocurría. Pero antes de que pudiera haber empezado siquiera a caminar por el pasillo pudo oír cómo la puerta del dúplex se abría y alguien decía:
     
    -Cariño, ya estoy en casa...

     
    Mientras avanzaba con la seguridad del propietario por sus dominios, Segnon Silk iba obervando los destrozos que había causado aquella sabandija en su vivienda. No dejaba de sonreír, e incluso, cuando vio una fibra óptica abandonada en el suelo, no pudo reprimir una risita que, a buen seguro, alguien había oído ahí fuera. No importaba cómo ni por qué, el dueño había obligado a cierto gatito a ponerse a cubierto. Le gustaban los gatitos.
     
    Satisfacción de cazador en su territorio, con una presa a mano...
     
    ...y en medio de la trampa a punto de saltar.
     
    Miró hacia una de las cámaras ocultas, que registró su rostro sádico y la promesa de una pequeña y última sorpresa dedicada a su visitante se reflejó en sus ojos mientras decía:
     
    -Luces. Apagar.
     
    Como respondiendo a una consigna mágica, toda la iluminación del piso desapareció de golpe. Al final del pasillo,
    Segnon pudo ver lo que parecía una rendija de luz.
     
    Había entrado en su taller, en su santuario...
     
    Maravilloso. Podría empezar a trabajar de inmediato.
     

    Se había ocultado en la estancia del final del pasillo, una escalera mal liuminada que conducía al piso de arriba; pero por muy mal iluminada que estuviera, la sala llamaría la atención de cualquiera que viera la luz encendida. La voz era masculina, lo cual indicaba que debía tratarse del sujeto en observación, un miembro peligroso del mercenariato. Lo cual le indicaba definitivamente que se le ocultaba la información debida, ya que los informes de misión advertían de la incapacidad sociópata del individuo para relacionarse con ninguna pareja; ¿sería mejor escapar e intentar desaparecer en los niveles bajos, tratar de contactar con la Rebelión? Recordó a los psicotécnicos e intentó no pensar en ello. Se obligó a concentrarse.
     
    La luz estaba encendida. Lo cual implicaba que debía poder apagarse. Pero no podía apagarla con el control de voz, ya que, si bien no era probable que un asesino tan peligroso no hubiera previsto aquella eventualidad programando su firma de voz como único sonido reconocible para el ordenador de la vivienda, hablar en aquellos momentos le pondría en una situación comprometida.
     
    Oía al hombre caminar por el pasillo. Caminaba despacio, con parsimonia calculada...
     
    Se le ocurrió que estaba buscándola. Y la había encontrado.
     
    -Luces. Apagar.
     
    Se oyó un golpe...

     
    Segnon Silk avanzó felizmente por el pasillo, poniendo buen cuidado en aplastar la fibra óptica mientras caminaba hacia la puerta entreabierta. La luz seguía encendida. Delatoramente encendida.
     
    Tarareó para sí una musiquilla fúnebre mientras seguía avanzando hacia la puerta. La imagen misma de lo inevitable. Cuando estuvo a un palmo de distancia, cogió la manija de la puerta y empujó.
     
    No había nadie en la escalera, pero la puerta doble en la que terminaba estaba abierta de par en par. El sonido estridente de las redomas cerradas de vidrio irrompible moviéndose por el suelo, el mismo suelo engrasado con un aceite inteligente controlado por corrientes magnéticas, las mismas corrientes generadas por las tomas energéticas de las paredes, las mismas paredes con sensores de movimiento, los mismos sensores de movimiento que estaban conectados con los lanzadores camuflados de dardos envenenados. Supo que era demasiado tarde para el gatito.
     
    Pobre, pobre gatito. Supongo que creíste que podías jugar con otro ratón, ¿no?
     
    Observó el cuerpo tendido desde el umbral mientras las convulsiones empezaban. Se apoyó en el dintel de la puerta sin dejar de tararear. La cámara seguía grabando...
     
    -Arte.
     
    Sin pensar mucho en lo que hacía, le disparó a la pierna izquierda. Tampoco quería terminar inmediatamente.
     
     
    El vehículo brillante en forma de huso aplanado se desplazaba, con un suave siseo que se mezclaba con el millón de ruidos de toda una ciudad que vivía bajo la vía de transporte que conducía a las afueras. En él, un hombre y una mujer se sentaban en el interior del bólido, una pequeña estancia de colores austeros y superficies hechas de inmaculable. La mujer aún llevaba un ceñido mono negro de infiltración y una bolsa pequeña de aspecto no muy inocente agarrada fuertemente con la mano. Estaba transpirando. El hombre llevaba una capa oscura y ropa vieja, de corte antiguo, y lucía barba de tres días y gafas de montura gruesa.
     
    -En cuanto lo supimos -dijo el hombre-, tuvimos que actuar. No podíamos perderte, pero tampoco podíamos avisarte. Era demasiado tarde para concertar una cita contigo, y demasiado arriesgado que te sacáramos mientras todavía te tuvieran controlada. Verás, decidimos hacer un pequeño pero oportuno cambio: uno de nuestros hombres se infiltró en la base de datos de los Servicios y repartió un poco las órdenes, cambió algunas, redistribuyó otras, copió muchas...
     
    -¿Copió? -dijo la agente Ysabelle Zahn, ahora depuesta por asesinato y muy pronto eliminada del servicio activo, sin duda. Todavía no podía controlar su respiración y su corazón latía más deprisa de lo que estaba dispuesta a admitir. Había sido un rescate poco emocionante para lo que ella estaba acostumbrada, pero la deserción le había supuesto una inyección de adrenalina increíble; nunca pensó que resultara tan excitante saber que, en unas horas, media Tierra la estaría buscando para matarla.
     
    -Sí. Decidimos que eras importante para nosotros, y muy prometedora; así que cambiamos las órdenes. Como ya te he dicho, te descubrieron. Pero no pasa nada, esperábamos que lo hicieran en cualquier momento, y de hecho las apuestas estaban en que durarías menos en el anonimato. Por suerte, pudimos suplantarte. Lo cual fue muy sencillo, porque lleva planeado semanas. La orden era de esperar. Cada cierto tiempo comprobábamos que no tenías problemas. Pero tras la última reunión, nos enteramos de que planeaban enviarte a matar a Silk. Es curioso; ese individuo no lo sabe, pero los de la Hegemonía lo emplean como un ejecutor de agentes "díscolos" gratuito. Él cree que se los envían para mantenerle entrenado; es un megalómano maníaco y egocéntrico, aunque lo disimula muy bien. Así que cogimos a otro de los miembros de tu equipo de agentes, le enviamos los datos de tu misión, interceptamos los de la tuya mientras estabas ocupada y fuera del alcance de tu terminal de comunicación e introducimos un destino simétricamente opuesto en el mismo edificio. No has corrido ningún riesgo durante tu misión; pero el otro agente murió en el proceso. Tengo entendido que no os llevabais muy bien.
     
    -¿Se llamaba Jigg Dimons?
     
    -El mismo.
     
    -Me alegra saber que no volverá a insultarme.
     
    -Comparto tu estusiasmo. Mató a más de uno de mis amigos y colaboradores.
     
    -¿Y yo?
     
    -Por lo menos tienes la intención de enmendar tu error.
     
    -Sí, es cierto...
     
    -En todo caso, le metimos un regalito a Silk en lugar de su verdadero objetivo y os intercambiamos a ambos en el tablero central de la Hegemonía que manejaban vuestros supervisores en cuanto os metisteis en los ascensores de la torre. Hay unos segundos de desfase entre la central y los terminales que viajan en ellos cada vez que se activan. No mucho, pero suficiente para engañar a los ordenadores de la Hegemonía. La cuestión es que logramos intercambiaros. Él llegó sólo unos minutos antes que Silk. Le ha pillado buscando el pac-pc que te habían enviado a buscar y que nunca deja en casa.
     
    Zahn no podía creer su suerte. En gran parte, porque la información había sido oportunamente manipulada; empezaba a pensar que había alguien que la quería de verdad ahí arriba.
     
    -¿Y cuándo pensabas avisarme? -preguntó, derrumbándose de alivio.
     
    -Cuando fuera necesario -dijo el hombre de la capa.
     
    -Sí, pues no me agrada mucho que inmiscuyéramos a un ciudadano honrado en esta pantomima.
     
    -No se enteró de nada, ¿recuerdas? -le respondió-. Creyó que se habría dejado encendidas las luces.
     
    -Y entonces apareces tú y le dejas sin sentido, claro, muy considerado por tu parte -refunfuñó Zahn. Pero la verdad era que se sentía tranquila y agradecida; por fin podría dejar de fingir y de asesinar para la Hegemonía-. ¿Qué será de mí ahora?
     
    -Se te llevará a donde desees -dijo el hombre de la capa. Llevaba el rostro imprudentemente descubierto y las manos al aire. Descuidado, pensó la agente renegada. ¿O confiado?

    -¿Y crees que no me pasará nada? -preguntó Zahn- En cuanto me cacen, y no dudes que lo harán, porque ellos son cazadores en su coto de caza, que es la Tierra, no se conformarán con matarme.
     
    El hombre asintió con gravedad.
     
    -Lo sabemos. Pero se te llevará donde desees. Podemos sacarte de la Tierra.
     
    -¿Tenéis bases espaciales secretas? -preguntó la renegada- He oído rumores, pero si no es eso, la Hegemonía también tiene un control inquebrantable de la seguridad.
     
    -Sin duda -repuso-. No tenemos intención de dejarnos descubrir tan fácilmente.
     
    -¿Entonces?
     
    El hombre de la capa tardó un tiempo en contestar; tal vez porque un vehículo de seguridad les andó a la zaga unos instantes por la vía de transporte, pero se desvió rápidamente por una rama alternativa antes de que el hombre diera signos de querer responder. Entretanto, el bólido siguió su camino con engañosa rapidez por la amplia vía que conducía a la terminal de lanzamientos de la ciudad.
     
    -Tenemos una colonia.
     
    Zahn le miró, soprendida. No respondió inmediatamente; por el contrario, dejó que otra pausa se filtrara lentamente entre la respuesta y una nueva pregunta, que terminó por llegar:
     
    -¿Cómo dices?
     
    El hombre de la capa inspiró profundamente.
     
    -Hace unas décadas, la Hegemonía desarrolló en secreto un mecanismo de viaje interestelar. Pero se reveló como algo sumamente inestable, y, además, la población mundial de la Aristocracia ya está satisfecha. Hay miles de millones de seres humanos que viven en la miseria y que podrían ver mejorada su situación si pudieran ir a colonizar algún mundo fértil, lejos del gobierno mundial. En definitiva: no podía ser rentable. Así que lo abandonaron. Pero nuestros agentes se enteraron de ello antes de que los datos de su proyecto fueran definitivamente archivados y su trabajo definitivamente destruido. Al final, resultó que la Hegemonía había dado con algo prometedor: lo llamaban "proyecto Éxodo".
     
    -Muy original.
     
    -Pues no, no mucho. Nuestros técnicos e ingenieros retomaron el desarrollo del programa y lo rebautizaron como
    "Promesa". Si alguien oía hablar de ello por casualidad, no podrían imaginarse con facilidad de qué se trataba, y más si se decía con mucha parsimonia; "recuerda tu promesa, recuerda nuestra promesa, es una promesa".
    Carecen de imaginación, así que no se dan cuenta. En principio, consistía en un mecanismo de descomposición a nivel cuántico.
     
    -Vaya.
     
    -Sí. Pero la cuestión era que el mecanismo tenía programada la capacidad de calcular con una considerable precisión la energía liberada y el sentido de la liberación de dicha energía para que, en el momento de la descomposición, toda la nave se deshiciera en partículas cuánticas que se dispersaran en todas direcciones, como una explosión, para recomponerse en otra parte por el propio movimiento multitudinario. Como un banco de peces que se mueve de un lado a otro, las partículas se influirían y atraerían mutuamente, hasta recomponerse. No me pidas muchas explicaciones, la nave siempre se recompondría. El caso es que podemos emplear el lanzamiento para, de paso que descomponemos la nave, recomponerla en el sitio que queramos.
     
    -¿Cómo es eso?
     
    -Simple. Aunque arriesgado. Cuando las partículas se lanzaran, la probabilidad de que se recompusieran es menor cuanto mayor fuera el desplazamiento de las partículas al descomponerse, ¿no?
     
    -Sí, sí, claro.
     
    -Pues bien, el movimiento de dichas partículas sería mucho más impredecible si desplazáramos el punto de recomposición de la nave, ¿de acuerdo?
     
    -No. ¿Cómo es posible "recomponer" la nave, cuanto a cuanto, a su estado habitual? Sin hablar de la tripulación...
     
    El hombre se removió, visiblemente inquieto.
     
    -Esa es la parte del asunto que aún no entiendo muy bien.
     
    -Oh.
     
    -La cuestión es que (y eso es importante) el lanzamiento hace que la probabilidad de encontrar una nave idéntica a la inicial en la misma posición que la inicial sea menor cuanto mayor sea el potencial de lanzamiento, es decir, cuanta más energía se aplique al lanzamiento, así que recomponer la nave en una zona dentro del espacio cuyo centro es la posición inicial de la nave y cuyo radio comprende las zonas de mayor probabilidad de existencia de la
    nave es casi tan probable como encontrarla en el mismo punto de partida.
     
    La agente renegada se mantuvo en silencio unos segundos antes de responder:
     
    -¿Me estás diciendo que vamos a viajar fuera del Sistema Solar gracias a un maldito axioma probabilístico?
     
    -Es lo que hay.
     
    -Dios...
     
    El hombre sonrió, conciliador.
     
    -Descuida, no es peligroso. Los cálculos son atrozmente complicados, pero nunca han fallado.
     
    -¿Pero cómo puede funcionar eso? ¿A qué distancia son lanzados los cuantos de la nave al descomponerse?
     
    -Oh, a distancias hipereinstenianas. Los cálculos del viejo Albert no incluyen la posibilidad de la descomposición cuántica. De hecho, nuestros científicos más insignes postulan que, durante un período de tiempo no inferior a una cientrillonésima de segundo, la nave deja de existir según la probabilística.
     
    -Oh, Dios...
     
    -Hay quien menciona la posibilidad de que, en realidad, el desplazamiento no sea real, sino sólo ficticio...
     
    -¿Pero hasta qué punto comprendéis esa tecnología?
     
    -Bastante mejor que los científicos de la Hegemonía, por ejemplo. Ellos lo intentaron con varias naves y lo que obtuvieron fueron bonitas obras de arte cubista. La recomposición no era lo suyo.
     
    -¿Y cómo pudisteis vosotros?
     
    -Le echamos paciencia. Y prudencia. Y la genialidad de algunas de las mentes más tenaz y oportunamente ignoradas por la Hegemonía, debo añadir. Bueno, resumiendo: el lanzamiento es la parte importante de todo este asunto. Y no me preguntes acerca del módulo de lanzamiento; eso sí que es infernalmente complicado.
     
    -Ah. Vale. No lo haré -se lo pensó un poco. se apoyó en la supeficie de inmaculable transparente del visor panorámico del bólido, silenciosa, mientras cavilaba en silencio. El hombre meneó la cabeza y sonrió.
     
    -No tienes por qué venir -dijo el hombre-, pero serías un apoyo muy importante para nuestra gente. Somos pocos los capaces de luchar por los que nos esperan en Arcadia.
     
    -¿Arcadia? -preguntó Zahn.
     
    -Nuestra colonia -dijo sucintamente el hombre.
     
    El bólido surcó, con su sibilante marca sonora, el último tramo de la vía antes de salir del núcleo urbano. Iban a cerca de quinientos kilómetros por hora y no querían esperar, así que Zahn pidió un aumento de velocidad.
     
     
    Las superficies del taller de Segnon Silk estaban recubiertas por completo de una capa de material inmaculable; material imposible de manchar. No se podía atravesar con ácidos o bioataques. Sólo los nanocitos más feroces podrían hacerle mella. Era un material virtualmente inmune a la suciedad. Y, mientras Segnon Silk expurgaba lo que hacía humano a un ser humano, pensaba que era una suerte; limpiar luego todo lo que quedaba era una auténtica tortura.
     
    El hombre, o lo que quedaba de él, empezó a gimotear de nuevo. Segnon lo había reducido a la mínima expresión del ser humano, una criatura abyecta, tal vez menos que eso. Era un lienzo en blanco, una cuartilla para escribir el romance definitivo, el pentagrama vacío en el que pronto sonarían los compases de la gloria imperecedera. No estaba aún seguro de qué uso daría a tal potencialidad.
     
    Pero de lo que estaba seguro era que el mundo no estaba preparado para ver el objeto y el resultado de su arte, así que, como en tantas otras ocasiones, debería deshacerse de él una vez hubiera terminado.
     
    El hombre -es decir, lo que quedaba de él- estaba gritando de dolor, de rabia y de miedo. Porque sabía que iba a morir, y eso le llenaba de terror. Pero el arte no conocía ningún prejuicio hacia esas sensaciones; ¿por qué iba a tenerlo? El futuro se hallaba ante sus ojos y sus manos debían llevar al mundo a él. Porque, sin duda, aquel arte sería el futuro, la expresión absoluta de la identidad humana. Siguió torturándole unas horas más.
     
    Y, entonces, el hombre, si es que quedaba algo de él, ya sin cuerdas vocales o sin voz digna de tal nombre, ya no sabía nada, ni siquiera si iba a morir o no. Sólo quería que todo terminara, que todo terminara.
     
    Y era en ese momento, sólo en ese, cuando Segnon Silk, el señor Silk, el artista, le dijo:
     
    -Debería estarme agradecido. He limpiado su alma.
     
    Sólo harían falta unas horas más para darle forma de nuevo. Empezó a colocar los electrodos sensoriales en el cráneo...
     
    Fuera, la lluvia caía sobre el mundo cruel; pero, en el interior de la sala, el señor Silk, Segnon Silk, continuaba ejerciendo su arte...
    March 03

    Otro motivo más por el cual la humanidad no merece la pena

    No es apto para los que crean que la vida no debe respetarse. O mejor... que entren y vean a los que no opinan lo mismo.
     
    Visto lo anterior, creo que está justificada la protesta. Aunque es muy probable que a la gente le importe más vivir bien que otra cosa, los que firmen y den la cara salvan la poca dignidad que le queda a la raza humana... y a nuestros compañeros animales.
    February 16

    Enciclopedia: Inmaculable

     
    El inmaculable es uno de los compuestos más sorprendentes jamás desarrollados por la mente del hombre. En esencia, es una sustancia plástica capaz de repeler prácticamente cualquier material, no importa la fase en la que se encuentre, a nivel molecular. Basado en una cadena central de carbono, un filamento parcioreticular de inmaculable es capaz de incluir millones de radicales carbónicos polares y apolares dispuestor sucesivamente y casi inmediatamente, situados en el extremo de cadenas extremadamente rígidas, lo cual permite que casi todas las sustancias, polares y apolares, sean incapaces de adherirse a su superficie.
     
    Su eficiencia no se remite a su densidad, a la inclusión de elementos metálicos o al grosor de la lámina producida, como se pensó en un principio, sino sólo a la organización de las estructuras moleculares que la conforman. Desde un punto de vista orgánico, no es ni una proteína, ni un glúcido, ni un ácido nucleico ni un lípido. No puede ser disuelto. No puede servir como base para que en él arraigue una planta, un alga, un hongo o un líquen. No puede ser digerido. No existe ácido o base capaz de descomponerlo... desde el lado de la lámina producto que se orienta hacia el exterior.
     
    La mayor desventaja del inmaculable es que no puede actuar si las moléculas que lo forman no están rodeadas en todo momento por las demás. En otras palabras, si la formación sucesiva de radicales polares-apolares se deshace, el inmaculable no puede repeler nada; es más, es muy probable que se disuelva a toda velocidad en un disolvente muy polar o muy apolar.
     
    Se ha comprobado que la forma de obtención más barata y eficaz energéticamente hablando es la fabricación nanítica, así que no es de extrañar que casi todas las Corporaciones Nano estén desesperadas por desarrollar las nanofábricas más eficaces, ya que conseguir la forma de obtener más y más barato es el único modo de destacar en el mercado del inmaculable; por suerte para las leyes antimonopolio, ese día está lejos.
     
    Obtenida en 2257 por un científico de la República Democrática China, Hin Tzin Hiao, la patente del prototipo del inmaculable fue rápidamente comprada por una multinacional de la construcción, Werter's, que no logró explotar el mercado, todavía poco preparado, de una sustancia todavía ineficaz; aquella primera intentona comercial fue un desastre completo, sobre todo derivado del incómodo carácter altamente inestable de las moléculas de las láminas producto, que se hallaban cargadas casi permanentemente de estática. Pero, en 2268, Tzin Hiao lanzó su propia versión definitiva del inmaculable, que recibió por primera vez su nombre definitivo, fundando la famosa empresa de construcción Hiao. Cuando Hiao se lanzó a la producción masiva de inmaculable, el mercado había crecido y estaba dispuesto a aceptar un producto invulnerable a los avatares del tiempo, la corrosión natural y la contaminación, además de la obvia ventaja doméstica que mencionaba su nombre: nada podría manchar un elemento inmaculable bien producido. "Un material para toda la vida", decían los anuncios publicitarios de Hiao. Sólo altas temperaturas e impactos directos de materiales densos, proyectiles militares, por ejemplo, podían atravesar (a veces, sólo dañar, en dependecia de la combinación del material con otros compuestos) las láminas producto de inmaculable.
     
    En torno a 2276, cuando la competencia de Hiao ya estaba a punto de rendirse a la metódica e insuperable eficacia de su producto estrella, se aprobó la Ley Anti-Monopolio Global, un acuerdo firmado por todas las naciones del mundo que se incluían en la ONU para poder reducir los abusivos precios a los que Hiao había sometido al inmaculable. Por otro lado, los millones de profesionales de la limpieza que, prácticamente de un día para otro, veían peligrar sus empleos y su porvenir, exigieron una solución que también contara con ellos. De 2276 a 2279, el problema no llegó a resolverse, y Hiao se defendió con todas las armas legales a su alcance, pero finalmente hubo de ceder a las exigencias de los gobiernos del mundo entero y vendió la patente a la ONU, la cual la hizo propiedad de la humanidad.
     
    Por otro lado, la fabricación de inmaculable mediante nanofábricas también fue desarrollo exclusivo de Hiao, aunque con el tiempo las demás empresas desarrollaron sus propios modelos de producción basados en la nanotecnología. Con el proceso nanotecnológico en pleno desarrollo inicial, la Hegemonía vino a reafirmar las medidas tomadas hasta aquel momento, pero en torno al segundo año de la implantación de la Directriz Hegemónica, en 2357, Hiao fue desbancada por un feroz competidor, la Empresa Estatal Corporativa Barner. La Corporación Barner, que contaba con jugosos incentivos fiscales y un acceso virtualmente ilimitado a los almacenes lunares de material útil, se convirtió en el primer productor industrial en llevar la producción a nanofactorías asentadas permanentemente en el espacio. La primera generación de dichas factorías se retiró al cabo de un par de años de funcionamiento, durante los cuales produjeron beneficios que decuplicaban su valor inicial. La segunda generación se asentó como la definitiva, y, ante la brutal competencia de la Barner, la mayoría de las empresas dedicadas a la producción exclusiva de inmaculable abdicaron o se reconvirtieron. Los beneficios para Barner, sus accionistas e incluso sus asalariados hicieron un lamentable contraste con los miles de empleados de las jóvenes compañías que habían sido creadas por empresarios emprendedores o por científicos con financiación privada. La única competencia real para la Barner, y muy por detrás suyo, era la Hiao, que había logrado englobar una pequeña sociedad de empresas supervivientes y salir adelante gracias a su avanzada tecnología nanítica de producción. Esta sería la única empresa de este sector que sobreviviría a la Hegemonía, aunque más tarde la Sociedad Hiao se desintegró en tres compañías: la propia Hiao, Fettleton y Ghost.
     
    En la actualidad, el inmaculable ha conocido varias modificaciones interesantes en su diseño. Por ejemplo, es más fácil de producir, permite grabados y dibujos, incluye variantes nuevas de color, e incluso un infinito surtido de tonos metalizados, pero no es el material más popular para la fabricación de objetos pequeños, sino más bien para la producción masiva de grandes planchas, las "láminas producto", que sirven como recubrimiento para estancias, vehículos, naves e incluso edificios enteros. Sus propiedades y virtudes siguen, evidentemente, vigentes, pero, como se llegó a resolver en 2278 con los sindicatos de trabajadores del mundo entero, el hecho de que el material en sí no se pueda manchar con polvo o con chicles no quiere decir que no haya que recogerlos; o, dicho de modo más directo, la limpieza seguirá siendo necesaria mientras exista el descuido de tirarse el café por encima.
     
    Inmaculable
    ENCICLOPEDIA DE LA TIERRA; MATERIALES Y SUSTANCIAS (versión de 2541)