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Open as Usual

Abierto, según es costumbre.

Javier López Coscojuela

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Soy todo aquello a lo que he renunciado, todo aquello que he negado con toda mi alma, todo aquello que no he llegado a tener...de la misma que sigo siendo exactamente lo que siempre he sido: nadie.
Libros útiles para los usuarios de esa catastrófica carrera llamada Medicina
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Bienvenidos.

Open as Usual significa algo así como "abierto, como es costumbre". Supuse que sería una buena idea renombrar, reconstruir mi espacio con ese nombre. Era o eso o recurrir a lo de "el rincón de tal y cual" o "confesiones para arriba y para abajo", etcétera. De todos modos, esto es importante, porque cuando leo mis propios escritos, me da la impresión de que no es bueno guardarlos para mí. No es bueno que sólo los sufra yo, el resto de la humanidad también tiene que participar en este desastre. ¿No? De todos modos, es... por así decirlo, es una especie de ventana desde la cual mirarme a mi mismo. No es un espejo, ojo; es como si me pusiera en el balcón de mi mente y mirara hacia las salas vacías del alma... pero, además, creo que es posible que alguien quiera leer lo que escribo. Siempre queda la esperanza de que guste, ¿no? Por cierto. Open as usual es lo que ponía en todas las tiendas importantes y no tan importantes de Londres. Viajar siempre enseña cosas nuevas, aunque sea a poner títulos a espacio que tienen que cambiar. En fin, dentro de poco volveré a intentar ajustar el aspecto de mi espacio. A ver si consigo estar satisfecho con él. Si alguien quiere hablar de algo que haya escrito, o de lo que sea, vaya, mi correo es alanthos17@hotmail.com. Hala. Disfrutad del espacio, de la vida, del Universo y de todo lo demás.
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June 16

It's Indie for life, baby


Acabo de ver (con mis respetables progenitores) la última película de Indiana Jones. Sé que será la última, porque no puede subir más en la escala cósmica.

Tengo motivos para decir eso, creedme. Coge a George Lucas, más Steven Spielberg, más Han So... digooo, Harrison Ford, y tenemos el final definitivo de una de las sagas más grandes de todos los tiempos. Efectos a cascoporrillo, masas ingentes de extras generados por ordenador (y no), hormigas gigantes, malos muriendo de formas interesantes, más efectos, cantidades incalculables de decorados de cartón piedra y, por algún motivo que no logro entender, un personaje al estilo Rebelde sin Causa que hace que la película desmerezca. Bastante. Al menos, al principio del filme.

Por otro lado, debo reconocerlo, Ford sigue estando a la altura de las circunstancias de los rodajes de su personaje estrella. Porque, también hay que reconocerlo, los personajes de Han Solo y el de Indiana Jones tiene un indudable parentesco, mayor que el que Lucas, su padre putativo, puede asumir; estos primos hermanos, cuyos parecidos van más allá de la indudable similitud en su (casi inexistente) respeto a las normas, en su desdén al peligro y en su chocante, muy chocante, sonrisa torcida (patentada por Ford, estoy seguro; por mucho que la intente repetir delante del espejo, soy incapaz, y eso tiene que ver con el copyright, de algún modo que no comprendo, pero seguro). Tal es la similitud que podemos asumir que, en ambas sagas, Ford representa al mismo personaje, salvo que Indie tiene su látigo y Solo tiene a su wookie.

¿He mencionado ya los efectos? Estoy seguro, pero no está de más mencionarlo por duplicado. Por triplicado. Había cierto número de... muchos... efectos.

En realidad, algo que caracteriza plenamente a Indiana, su fiel látigo, está algo marginado en la película. Una pena. Puestos a mencionar detalles desagradables, supongo que no puedo dejar de mencionar que el personaje de Mutt Williams, el mencionado individuo con moto, chupa de cuero y aspecto de James Dean, no es santo de mi devoción. Asimismo, la actuación de la ex-pareja de Indie (interpretada por Karen Allen, una vieja conocida de Jones, Marion Ravenwood) es algo sosa, no por falta de talento, sino por mal doblaje y guión sumamente cercenado. Dios sabrá por qué, no yo.

Como puntazos de la película, bueno, las actuaciones del bueno y la mala. Cate Blanchett se ha ganado mi respeto, si bien es una villana algo prefabricada en ciertas ocasiones, pero el esoterismo es siempre una cualidad que aprecio en las chicas malévolas de las películas. Especialmente, si están al servicio de algún régimen de terror con un megalómano al frente.

Por cierto, la transición de nazis a comunistas ha merecido la pena. O, al menos, no me ha decepcionado. Los rusos mueren igual de bien que los alemanes. Y suelen ser igual de inútiles. Pero, ¡qué le vamos a hacer!

Aún y así, los gags y episodios humorísticos, solapados con las escenas de pelea de la película, no se hacen de rogar, y menudean en la última obra sobre el arqueólogo. El doctor Jones sorprende, ya lo creo, a pesar de su edad y gracias a su larga experiencia en luchar contra los malos, salvar al mundo y quedarse con el tesoro (bueno, no mucho), los méritos y la chica.

Bueno, con la mujer. Que esta vez es una mujer hecha y derecha. Quiero decir, "madura". Hoy en día, te arriesgas mucho con expresiones como "hecha y derecha".

Por último, el recurso fácil al Área 51, tan de películas americanas, me ha hecho sonreír; al principio, pensaba "¿tan bajo habéis caído, Steve, George?", pero ha sido mucho mejor de lo que esperaba.

Lo de sacar a Roswell ya me ha arrancado risitas.

Todo ello, aderezado con las inmediatas dudas que acarrean las superproducciones, especialmente las de aventuras; ¿cómo es que la pólvora es tan magnetizable? ¿De dónde salen todas esas luces en una catacumba del siglo dieciséis? ¿Es que nadie ha sobrevolado El Dorado?

Supongo que los gazapos forman parte ya del nutrido anecdotario de la magna obra de Spielberg. Y de Lucas. Y, por ende, de Ford. Pero, imagino, no es sólo culpa suya.

Finalmente, para cerrar esta crítica tan poco crítica, quiero añadir que Indiana Jones no ha sobrevivido ni de lejos, ni por asomo, lo que ha sobrevivido en esta película. Ni siquiera lo pienso dudar, y de ahí el título. Recuérdenlo, niños, si tienen una nevera en casa, ¡que esté forrada en plomo! Y no me preguntéis más, o caeré en el destripamiento de una película que merece la pena.

Merece la pena.

¿He hablado ya de los efectos especiales?


A FAVOR: Divertida, rápida, interesante, irreverente, sin una pizca de aburrimiento. Efectos. Personajes y escenarios están bien trabajados. El desarrollo y el principio de la película son muy buenos, y se disfrutan casi todas las escenas de conversaciones y peleas.

EN CONTRA: A veces, el argumento flaquea. Imprecisiones históricas a saco. ¿Demasiados efectos? Tal vez los fieles al doctor Jones se sientan decepcionados con el final.

SALDO: Definitivamente, es digna de verse, a ser posible en el cine. Si no, me temo que pierde mucho. Indispensable si te gusta el cine impresionante y elaborado.

June 15

Presentación de BlogSpot


Pues bueno, he abierto un blog en BlogSpot, para establecer una nueva era de bla, bla, bla... simplemente, creí que sería bueno avisar: http://eluniversoesunpanuelo.blogspot.com/


Estos últimos meses me ha pasado de todo. Creo que han afectado seriamente a mi carácter.

He empezado a apreciar más cosas que antes tenía por inalcanzables para ratones de biblioteca como yo. He empezado a disfrutar de lo que estudio (o, mejor dicho, disfruté hasta que me dijeron qué día eran los exámenes. Los siempre odiosos y odiables exámenes). He empezado a leer webcomics, que quitan menos tiempo que la lectura seria, y también periódicos de forma más o menos seria (aunque no mucho tiempo, la verdad... me falta el tiempo). También he empezado a ver cine de mayor "calidad" y originalidad que lo que ponen en el cine (mayoritariamente, al menos) hoy en día. Y etcétera.

Me encuentro especialmente feliz porque, ¿saben, caballeros? Soy el flamante propietario de un verano enterito, sin estrenar. Tendré que irme de vacaciones, a un curso o dos, hacer ciertos estudios para un septiembre de Francés de la Escuela de Idiomas y leer por mi cuenta lo que nuestro incompetente profesorado de Fisiología ha dejado sin explicar (si los susodichos profesores leen esto, el abajo firmante no tuvo nada que ver con la frase antedicha; gracias y buenas tardes).

Me encuentro, por otro lado, especialmente confuso, porque no he visto mucha luz solar en los últimos días, y porque las luces y los colores me confunden con sorprendente facilidad, y estoy muy rodeado de luces extrañas que parpadean... y parpadean... parpadean... parpaparpaparpa...

(Sonido de bofetada)

Gracias, mano.

Como íbamos diciendo, que estoy especialmente confuso también porque me encuentro con la perspectiva de una enorme cantidad de tiempo libre y, como todos los veranos, con un taco de planes interesantes de los que sólo cumpliré (me lo veo venir) uno o dos. Me imagino que todos estaréis de acuerdo conmigo en que el verano es una etapa de procrastinación inefable en la que los pajaritos cantan y las nubes no se levantan, a no ser que la observación se realice en la igualmente indescriptible ciudad de Huesca, en la que el clima siempre lleva la contraria.

También me encuentro especialmente confuso con cierta persona que ha logrado trastocar los mismos cimientos de mi ya de por sí desequilibrada naturaleza en los últimos dos meses. Buen momento, dicho sea de paso, para alteraciones. Buen momento. Justo antes de los finales.

Si es que...

Y ahora que por fin estoy de vacaciones (o casi, ya que el examen del jueves es reducido y su dificultad abrumará sólo a los locos que quieran obtener matrículas, entre los que no me encuentro yo, que soy un loco más modesto), me he dado cuenta de que varios de mis planes han ido cancelándose sólos durante estas semanas de exámenes. En fin. Habrá un curso de verano, eso seguro. Habrá al menos una asignatura que estudiar. Habrá un número indeterminado de tareas creativas que acometer, un número indeterminable de películas que ver y un número indefinible de muertes que planear en un número igualmente inde-algo-ible de juegos de ordenador.

Como, evidentemente, también empezaré a emplear en masa el 3d SketchUp!, programa de dibujo en tres dimensiones al que me aficioné durante el primer cuatrimestre, y seguiré escribiendo conforme me vaya entrando en gana, puedo decir que espero mantenerme ocupado este verano. Dejando tiempo suficiente para salir y volver a ver a mis buenos amigos, tanto los de aquí como los de allí y los de más allá. Intentaré también parar un poco en el salón de estar de casa, para estar con mis padres, a los que, paradójicamente, no he visto mucho durante el curso (estar fuera de casa diez horas al día provoca increíbles efectos secundarios).

La lástima es que perderé de vista a la gente de la Facultad, y es posible que muchos desaparezcan de mi vida este fin de curso. Y es una lástima, porque son gente de primera categoría.

Es muy probable que, además, muera durante este curso. Muy lentamente. Con astillas bajo las uñas.

No, en realidad no tenía pensado lo de las astillas. Pero os lo habéis creido, no lo neguéis.

En fin. Como declaración inicial, declaro que este blog se usará para hablar diariamente (o no) de temas tan interesantes como reflexiones filosóficas, videojuegos, películas, libros, estudios, realidades sociopolíticas, pituras de pared, Sinatra, música, el tiempo que hace, la rotación de la Tierra, el inminente Apocalipsis bis (el primero iba a ser en el año dos mil, ahora toca el del 2012), la aún más inminente crisis económica, el futuro de la humanidad, la estupidez de la humanidad, los dibujos animados de la humanidad y de otros muchos temas, intentando hablar de ellos de una forma completamente respetuosa hacia los aludidos y siempre con intenciones intachables.

Claro que todo esto es susceptible de cambio. Cuando al autor le venga en gana, de nuevo. Para eso es el autor.

También declaro que 42 es el número más maravilloso del universo. Pero como el universo es un pañuelo, a nadie se le ha ocurrido hacerle una película, como a numerajos de segunda, como 23, 13 o 7. En todo caso, eso no viene a cuento. El 42 será tema de una entrada propia. Algún día.

¡Doy por inaugurado este blog!

(Se corre la cortinita con la plaquita al fondo. Fotos. Gente gritando y aplaudiendo.)

Em. Seguidamente, debo destacar a los amigos de mi Space que no dejaré Open as Usual. Lo que publique en el BlogSpot, lo publicaré aquí.


February 21

Con respecto a San Valentín...


... lo sé. Llego tarde.
 
Llevo mucho tiempo sin escribir nada en serio. Pero hoy, me he levantado con ganas de hacer algo interesante, importante y maravilloso... por desgracia, tenía clase a las ocho, así que no he tenido opción y me he conformado con ir a clase.
 
Consecuentemente, no he podido reflexionar mucho sobre un texto interesante, importante y maravilloso que, de hecho, escribió alguien que no debía tener clase a las ocho, así que he decidido, en vista a mi capacidad de elección, a colgar una interesante reflexión que, a buen seguro, ayudará a los (in)felices solteros no-enamorados que tenemos que pasar solos San Valentín. Debidamente remasterizada y con algunas palabras corregidas, ahí va...

SAN VALENTÍN PARA SOLTEROS
 
San Valentín, el Día de los Enamorados, jornada en que miles y millones de parejitas caminan de la mano, se miran a los ojos y suspiran palabras de amor mientras degluten cenas caras en lugares caros y gastan medio sueldo en peluches de tamaños incomprensibles e incongruentes con las dimensiones de las soluciones habitacionales habitadas por los/las festejados/as.
 
Día marketinero y marketineado si los hay, cumple las fantasías de las quinceañeras y los comerciantes; hace las delicias de los publicistas y guionistas; y quita el sueño a solteros y solteras empedernidos.
 
Al ser una jornada marcada en rosa en muchos almanaques de cachorritos con sombreros que descansan en las carteras, bolsos y billeteras, es que su importancia es vital para los y las viandantes del mundo. De allí que, desde la Cátedra de Estudios Sociales de la Universidad de Massachusetts, en una nueva entrega de la serie 'Si la vida te da calabazas', que invito a repasar en sus ediciones anteriores, hoy vemos: '¿Cómo pasar San Valentín Solo y ser feliz?'
 
La respuesta no es "no levantándose de la cama", tranquilo... Son una serie de pasos simples, aunque tal vez no del todo eficientes. No obstante, siempre es mejor lo que sigue que sentarse a llorar en la escalera.
 
1- Asúmalo:
Si a esta altura del año está solo/a; a lo más que podrá aspirar es a pasar la fecha acompañado, pero no enamorado, ya que ello requiere algo más que un puñado de días.
Mientras antes lo asuma, más pronto podrá ser una persona feliz. Todo lo feliz que pueda ser, vamos, ya me entiende.
 
2- Confórmese en un defensor de los feriados tradicionales:
Hágase fanático de la Navidad, Año Nuevo, Reyes, Semanas Blanca y Santa, Hannukah, Yom Kippur, Día del Amigo, Día del Niño, Día de la Constitución o Día del Trabajador del Plástico.
Diga que San Valentín (y ya que está Halloween, para no despertar sospechas) son festejos norteamericanos que nada tienen que ver con nosotros y nuestra cultura telúrica. Ahora bien, no es necesario celebrar también el veinte de octubre; hasta para las fiestas tradicionales hay límites, ¿eh? Por si acaso se le ocurre.
 
3- Sea un defensor de las dietas y siluetas:
San Valentín es el pico máximo de ventas de chocolates, con el consiguiente aumento de las curvaturas corporales y la creciente preocupación hacia la balanza y el colesterol.
Eríjase en un defensor de la vida sana y un guardián del estrés ajeno al no tener que andar todo el día preocupados por esa tripa cerv... digoooo, por la tripita.
 
4- No recuerde amores pasados:
Ese día, no lo dedique a revolver cajones en busca de cartas de amor antiguas ni álbumes de fotografías; no se torture con Michael Bolton ni los lentos de Roxette. No ayudan demasiado. Si es posible, no vea la televisión, la programación de San Valentín tampoco resulta muy útil en este aspecto, especialmente fuera del horario de las Noticias.
 
5- No sepa en qué día vive:
Si usted está perdido/a en el almanaque, mal podrá preocuparse por San Valentín. Desde luego, los demás se lo recordarán. Si lo hacen, hágase usted el loco, canturreé, diga que tiene prisa y que les llamará en cualquier momento que tenga libre, digamos, el quince o el dieciséis. Si le dicen que es mañana, olvide la conversación lo más rápido que pueda.
Mejor no salga de casa.
 
6- Realice proyectos postergados:
Corte el pasto, haga origami, lustre sus zapatos, redecore su casa, estudie feng shui, vea las cinco Harry Potter seguidas (mejor, las tres de El Señor de los Anillos en versión extendida).
Tendrá 24 horas que el resto de los mortales deberá malgastar en cosas menos productivas, como salir con sus novios/as. Además, esto se conecta con el elemento "mejor no salga de casa" del que hablábamos antes.
Si tiene que trabajar porque todos sus compañeros de trabajo se han tomado el día libre, tiene la excusa perfecta para cogerse fiesta otro día más adecuado. En otras palabras: seguirá teniendo veinticuatro horas que el resto del hemisferio occidental desperdiciará intentando complacer a sus parejas.
 
7- Alégrese de pasarlo solo/a:
Si es uno de los festivos con mayor movimiento comercial, el hecho que usted no tenga que sucumbir al IVA y a la inflación y pueda ahorrarse unos buenos billetes, ayudará a su flaco bolsillo de fin de mes y podrá quizás darse algún gustito con algo que pueda disfrutar usted y no alguien del que, lo más que se puede decir, es que hay ciertas posibilidades no comparta el resto de sus días al lado suyo.
De paso, podrá hechar en cara sus ahorros a todos los que debieron caer ante la maquinaria capitalista sanvalentiniana. Si puedes desahogarte por no tener pareja, es la mejor manera. Ya sé que es un poco excesivo, pero esta línea de razonamiento le ayudará a no preocuparse por San Valentín y será una persona feliz. Más o menos.
 
 
8- En el último de los casos y como recurso final si por alguna causa no le ha resultado todo lo antedicho; colóquese una pipa, habano, muerda la punta de la pata de sus gafas, revuelva un whisky o lo que crea que le dé una imagen más solemne y recite:
'¿San Valentín? Quita, quita… es una de las mil maneras que tiene el monstruo imperialista para oprimirnos y lavarnos el cerebro'.
A lo sumo lo mirarán pensando que usted es un friki, un necio o un gilipollas, pero habrá superado San Valentín sin sufrir mayores
consecuencias.
En todo caso, creáme... si puede evitarlo, insisto, lo mejor es no salir de casa.
 
 
Modificaciones mínimas dentro de un original cargado de hilaridad; eso es lo que he aportado al texto expuesto. Pero creo que merece la pena leerlo, aunque es posible que pierda bastante al haber metido yo la zarpa.
 
San Valentín es una fiesta cargada de vanidad, avaricia y nubecitas rosadas. Vanidad por parte de los cabrones y cabronas que presumen de parejita ante sus amigos menos afortunados. Avaricia por parte de los supervendedores y superfabricantes de regalitos repulsivos del día de San Valentín, que mueven la economía del modo que más les conviene a sus Amos y Señores. Y nubecitas rosadas de los enamorados de verdad, que me imagino que no lo hacen con mala intención, pero que crean las mismas consecuencias emocionales en los amigos menos afortunados de los que hablaba antes; también nos resulta tremendamente frustrante, también nos sentimos tremendamente desplazados y también nos intentamos consolar con los mismos chistes y tonterías imbéciles para consolar el "rencor" envidioso de los que se sienten desdichados, como todos los factores arriba expuestos. Y, de todos modos, no es que me sienta muy desdichado; al menos tengo más tiempo para mi... pero ¿qué coño estoy diciendo?
 
En todo caso, los auténticos enamorados pasan (deberían pasar) de San Valentín, porque no se enteran de lo que ocurre a su alrededor, mientras que los que querrían estar enamorados no soportan una fiesta que les recuerda específicamente que, en realidad, no están enamorados; o bien, que no son correspondidos, y eso, amiguitos y amiguitas embobados con la novieta o el noviete de turno, sí que jode.
 
Y sí. Sé que llego tarde a hablar de San Valentín, pero es una forma más de demostrar que es una fiesta que NO ME IMPORTA UNA
MIERDA (mentiramentiramentira).
 
Hablando en serio, sí es cierto que es una festividad artificial que, de hecho, no paraliza la vida en las ciudades; no engalanamos los edificios públicos, no hay discursos o actos oficiales, Gallardón y Aguirre no se cogen de la mano y se dan piquitos tímidos. Bueno, al menos no en público; a lo mejor hablan catalán en la intimidad. Esto no es una fiesta cultural, no es una fiesta espiritual y no es una fiesta ética o moral, no es política. Es económica e individual; a la vista de quienes venden, es lo mismo.
 
Por lo tanto, sólo queda por decir que San Valentín es una fiesta comercial y comercializada, igual que las Navidades (Santa Claus y Papa Noël son Coca Cola pura y dura), cuya única razón de ser es endosar a los inocentes y a sus parejas un montón de inmundicias baratas de plástico que se rompen al cabo de un mes, o bien el vender cosas que, de caras que son, sólo en una "gran ocasión", de esas que se dan "sólo una vez al año", como cumpleaños, aniversario, Navidades, santo de ella y de él, Día de la Madre, Día del Padre, Reyes y todos los demás.
 
...
 
Oye, ¿no os parece que hay muchas grandes ocasiones que sólo se dan una vez al año cada año?
 
Digo. No sé, vamos.
 
Hala. Y ahora, a estudiar, que hay examen de anatomía el jueves y estoy hasta el [CENSURADO] de tonterías. Una última razón para mi odio hacia San Valentín: DETESTO EL COLOR ROSA, y el corazón humano no tiene esa mierda de forma pastelona de pica invertida NI DE COÑA. Ni romanticismo ni leches. Eso es un timo.
 
 
 
 
PD: Lo de no salir de casa iba en serio.
 
December 29

El increíble mundo de Rodri


No, si es que aún resultará que es cosa mía.
Es que no lo es.
Ya, y por eso me acusas.
Noooo...
Sí. Me has acusado en repetidas ocasiones, y lo sigues haciendo, embustero.
¡Yo nunca te ha acusado de nada!
¿Lo ves? ¿¿Lo ves?? Ya vuelves a empezar otra vez...
No, si el asunto es que sigo sin acusarte de nada.
¡Por favor! Deja de hacer eso, ¿quieres?
¿Pero hacer el qué? Si no te he hecho nada, no te estoy haciendo nada. No soy nada más que tu amigo...
¡Y una mierda! Sé lo que eres, lo que pretendes ser. Lo que quieres hacerme. Sé que eres un embustero, ¡y más que eso! Un traidor, falso, rastrero...
Ehem. Sin insultar. Por favor.
¡Por favor! Venga ya, ¿por favor? Seguro que puedes hacerlo mejor, puñetero mentiroso.
No, si es que...
¿Qué coño te has creído? ¿Que puedes mentirme por un período de tiempo indefinido, sin dejar de ocultarme cosas, sin dejar de buscarme siempre las cosquillas, sin dejar de tratar poner a los demás en mi contra...?
Que no...
¿¡Dejarás de mentirme algún día!?

Rodri se miró el puño sangrante. El espejo se impuso ante su atención y tuvo que dedicarle el segundo que merecía; una telaraña de grietas recorrían su superficie como un sueño quebrado. Inmediatamente después, vio su rostro, reflejado en los pedazos que todavía estaban intactos, que no le devolvía la mirada; miraba al espejo como quien mira por una celosía de cristal a través de la cual puedas verte a ti mismo, una etérea red de líneas, de fracturas en el universo que...
...
-Ah. Vale -dijo, cayendo en la cuenta-. Hoy no me he tomado las pastillas, ¿verdad?
 
 
December 24

El robot de la Navidad

El robot, pequeño y solitario, caminaba por la llanura cubierta de hielo y polvo, cargado con el peso excesivo de la bolsa llena de regalos. Regalos para los niños del mundo, para que sus padres pudieran verles felices, para que pudieran verles jugar con juguetes, leer los libros, ver las películas y disfrutar de las chucherías que llevaba en su bolsa.

El robot era pequeño, con una cabeza alargada, como una botella invertida a la que se le hubieran incrustado dos linternas que hacían las veces de ojos. El cuerpo apenas tenía el grosor de una tubería de desagüe, y brazos y piernas, desproporcionados, parecían hechos íntegramente de alambres, cables y remaches. El conjunto de aquel robot parecía hecho de reparaciones, la mayoría autorreparaciones, mal hechas y peor disimuladas.

Sujetaba con sus enormes manazas un saco lleno de cosas que llevar a los niños del mundo. No tenía quién las llevara, todavía; durante treinta y tres años, había reunido puntualmente un saco de regalos para los niños de los que tenía noticia, para que los Reyes Magos fueran a recogerlos y entregarlos por él. Hasta el momento, había sido una completa pérdida de tiempo.

Esas navidades también se presentaban tristes y silenciosas. Eran silenciosas, desde luego, porque la atmósfera terrestre ya no existía; los humanos se habían hecho la guerra tan concienzudamente que la humanidad entera se había autoexterminado en un único accidente nuclear de proporciones increíbles. El pequeño robot no tenía memoria de aquellos sucesos; sólo sabía que le gustaba la idea de que debía recoger regalos una vez al año y dárselos a los Reyes Magos.

El robot se sentó sobre el bolso de regalos, que fácilmente pesaría ochenta kilos, y sacó un libro sobre un hombre que volaba en trineo, repartiendo regalos, curiosamente también en Navidad. Se preguntó si debería probar suerte con él, cuando leyó que había sido empleado como recurso publicitario. Entonces dejó de leer y se apoyó la cabeza en las manos, paciente. Simplemente, tenía que esperar a que llegaran los Reyes Magos. Seguro que ellos le dirían qué estaba tan horriblemente mal en su programación; no creía que el mundo pudiera estar averiado.

Lo cual dice mucho acerca de la ingenuidad en los robots.

En la tapa de aquel, que cubría justo las baterías atómicas del androide, había escrito, con los sucintos caracteres del alfabeto empleado en piezas de ordenadores y demás material informático:

"ROBOT PAJE. DISEÑADO PARA LOS DESFILES DE NAVIDAD. ATENCIÓN: CRUCIAL PARA EL CORRECTO FUNCIONAMIENTO LA CARACTERIZACIÓN DE SUS SUPERVISORES DE REYES MAGOS; SÓLO OBEDECERÁ INSTRUCCIONES DE ESTOS, Y CARGARÁ Y REPARTIRÁ REGALOS EN CONSECUENCIA A SUS INDICACIONES. SE RECOMIENDA EMPLEAR AL ROBOT PAJE COOPERATIVAMENTE CON OTROS ROBOTS PAJES Y CON CAMELLOS. ALTERNATIVAMENTE, SE LES PUEDE AÑADIR VESTIMENTA AL GUSTO DEL DUEÑO.

NO EXPONER AL FUEGO O A FUENTES DE CALOR INTENSO O MICROONDAS. NO ABRIR LA FUENTE DE ALIMENTACIÓN INTERNA."

Con la paciencia de los años, el pequeño Paje siguió esperando la llegada de los camellos y de la estrella de Belén, que, tal vez, le indicara el camino que seguían sus jefes. Necesitaba que le dijeran qué andaba mal en su programación; el mundo no podía estar averiado.

No os equivoquéis. No estáis equivocados. El mundo no va bien. Pero podemos cambiarlo. Aunque tengamos que exponernos a fuego, fuentes de calor intenso o microondas.

Procuremos no darle estas navidades al pobre paje...

Feliz Navidad.